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POR FAVOR, SEA BREVE. ANTOLOGÍA DE RELATOS HIPERBREVES

Edición de Clara Obligado

Páginas de espuma

Año 2001

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Orden menguante en la selección. Idea de Hipólito G. Navarro. Lo agradece la escritora argentina Clara Obligado. En los agradecimientos. 167 relatos bonsái. Microrelatos escritos originalmente en la lengua de Cervantes. Relatos mínimos, compactos, que abogan por lo esencial. El auténtico KO cortazariano. La relectura descubre el mecanismo de precisión que sostiene la mayoría de los relatos. No todos son excepcionales, ni siquiera dignos de figurar en una compilación de los mismos, aunque puede que se me escape el sentido de alguno, claro, sobre todo cuando Borges escribe esas tres líneas crípticas en “Le régret d´Héraclite”.

 

De 33 líneas a una y media. Mete ahí una vida. Podría ser incluida la maravilla que mandó un radioyente de la SER a propósito de resumir una vida en seis palabras: “Tengo 29 años y metros cuadrados”. Prodigio de tartazo a la cara de Su Ilustrísima Sra. Aguirre, la que dijo que Saramago eran dos: Sara y Mago, o sea, Sara Chistera, qué magia, lo que dije ayer lo desdigo hoy, el conejo no está, dónde está el conejo, el conejo se lo come mamita, qué rico.

 

Hagamos memoria. Geniales son casi siempre los microcuentos de Juan José Arreola; tristísimo el de Bioy Casares; guasonas delicias surrealistas los de María Shua. Están, por supuesto, clásicos del género como Monterroso, con su vaca y sus ovejas negras, y González de la Serna, cómo no, con sus violinistas acuáticos y sus cortinas asfixiantes, pero no por ello los mejores, conste.

 

Confieso tener predilección por lo breve. No por aquella tontada de que lo bueno si breve dos veces breve o dos veces bueno, no, sino porque la condensación de una historia es tema que me obsesiona, a diferencia del amigo Bálder, querido colaborador de la casa, que tiene incontinencia aunque se disfruta igual, pues no revela argumentos ni deja indiferente, que es a lo que vamos. Y es que en tiempos de tecnologías que se arañan y adelantan y baten récords del mundo y contaminan de paso, el relato breve, quizás no tan breve, la verdad, debería tener más espacio, y lo tendrá, pues leerse una novela, con todo lo que tiene de gozoso, es cada vez más improbable, y sólo ocurre entre trayectos de metro.

 

 

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