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Texto:
Ángel Muñoz
Sobran palabras de presentación cuando en la autoría de un libro
encontramos nada menos que a los dos mayores genios de la cultura
underground norteamericana; el talento rescatado de la ruina para
deleite de su legión de seguidores de Charles Bukowski, y el,
probablemente, mejor historietista de todos los tiempos, elevado ya
a la categoría de icono universal, Robert Crumb.
Bukowski y Crumb solo coincidieron en una ocasión, pero se
profesaron mutuamente un profundo respeto y admiración. Crumb
ilustró tres relatos de Bukowski entre 1975 y 1984; tres pequeñas
joyas que ahora por primera vez nos trae a España en una cuidada
edición Libros del Zorro Rojo.
Bukowski decía que “los hospitales, las celdas y las putas son
universidades; yo tengo varios diplomas”, y es ese universo
bukowskiano de personajes atrapados sin futuro ni esperanza en
espirales de alcohol y decadencia, de pesimismo y paro, perdedores
obsesionados por el sexo como válvula de escape compulsiva sobre lo
que versan estos tres relatos maravillosamente ilustrados por las
láminas de Robert Crumb.
Tráeme Tu Amor.
Una esposa engañada encerrada en un manicomio; engañada por un
marido con mala conciencia que engaña a su amante con putas en
moteles de mala muerte. Una amalgama de rabia, sexo y culpabilidad
recubierta con el magistral manto de mal rollo que destila cada
frase del genio.
El Negocio No Funciona
explota la profunda melancolía que a casi todos nos inspira el
cómico decadente, el circo vacío, el esfuerzo mecánico y rutinario
de hacer reír como oficio ante un cada vez más escaso público de
borrachos y parejas rotas en Las Vegas.
Bop Bop Contra El Telón
es un maravilloso fresco de la adolescencia en los barrios de NY
hundidos en la Gran Depresión del 29. Chiquillos callejeros y
asalvajados, golfillos buscavidas financiándose la válvula de escape
de la pulsión sexual consistente en las pobres mujeres de un
desvencijado cabaret de barrio a base de pequeños robos. Fotos de
playas en invierno, peleas en callejones y obsesiones púberes,
mientras unos padres paralizados por el choque brutal de la crisis y
el desempleo se tornan cada vez más ausentes.
Cierra este último relato, y el libro, un párrafo que no puedo por
menos que reproducir literalmente, completo en toda su deslumbrante
crudeza: “Sin embargo, aquellos domingos, la mayoría de aquellos
domingos, eran magníficos, una pequeña luz en los tiempos oscuros de
la Depresión, cuando nuestros padres salían al porche, desempleados
e impotentes, y miraban cómo nos molíamos a palos, y después
entraban y se quedaban mirando las paredes, sin atreverse a
encender la radio por miedo a la factura de la luz” Da miedo,
¿verdad?. |