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TRATADO DE ATEOLOGÍA

Michel Onfray

Círculo de lectores

Año 2006

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Dios es una invención de uno o varios sagaces que quieren someter al resto. Esto mismo lo dice Onfray con bellas palabras y otras que no lo son tanto. Dice muchas cosas más, claro, y desmonta los pesebres intelectuales, los derriba con la fuerza de un tanque y el arrojo de un suicida racional, o sea, de los que no se ponen o, más bien, les ponen bombas, y revientan mercados, trenes y el resto de los restos del mobiliario urbano. Porque ya se sabe que el cabecilla, el que manda, nunca sirve de ejemplo. Vamos, que los cobardes bien cobijaditos bajo la manta de su fe, que Él todo lo puede, conste.

 

Vivimos sometidos a la idea de Dios y los que se llaman ateos no lo son tanto. Esto lo dice Onfray con una prosa sencilla y concisa. Y continúa: porque la postura atea necesita de un corte definitivo con la tradición religiosa de los últimos dos mil años. Veamos. Nos creemos libres, pero “señuelos” como el de libertad, autoridad, justicia, propiedad y otros tantos forman parte de conceptos que se crearon en su día para someternos y, según Onfray, el fundamento de todos estos conceptos sigue siendo Dios. Una vez liberados de la religión, podremos quitarnos las cadenas y, sin volver necesariamente a Platón, abrir los ojos bajo el líquido amniótico de la ignorancia y sacar la cabeza para admirar la realidad, sea aborrecible o no. Y es que en nombre de Dios se han cometido las mayores atrocidades. Genocidios, etnocidios, homicidios, hogueras. Y son los creyentes los que los cometen, no los ateos.

 

Para Onfray, digámoslo ya, la ateología debe elaborar una crítica sólida contra los tres monoteísmos principales: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Y para ello hay que desarticular, en primer lugar, la ficción de lo trascendente, y promover el cuidado y desarrollo de nuestro único bien verdadero: la vida terrenal, el aquí y el ahora. Porque las religiones contaminan la realidad y prometen paraísos tan artificiales como los chutes y chutados del revelador corto de Achero Mañas, “Paraísos artificiales”. La creencia privada nunca debe confundirse con los asuntos públicos, pues hay muchos, demasiados que se aprovechan de la miseria espiritual y mental del ser humano. Ya lo dice el autor: “El hecho de desviar la pulsión de muerte que los martiriza (a los que redactaron los textos sagrados) hacia la totalidad del mundo no salva al atormentado, no modifica su miseria, sino que contamina el universo”. Más tonterías al descubierto: “No satisfecho con la prohibición de comer el fruto prohibido, Dios no cesó de manifestarse mediante interdicciones. Las religiones monoteístas no viven sino de prescripciones y de exhortaciones: hacer y no hacer, decir y no decir, pensar y no pensar... Prohibido y autorizado, lícito e ilícito, los textos religiosos abundan en codificaciones existenciales, alimentarias, de comportamiento, rituales, etcétera”.

 

Los textos religiosos no son más que ficciones. Y se han tratado de unificar en una sola ficción. Pero los textos apócrifos, las contradicciones del ¿texto oficial?, sea el Corán o la Biblia, abundan. No es lógico, y pedirle lógica a una secta es tarea imposible, que si una mano divina ha dictado los textos, en ellos abunden las contradicciones: elogio de la paz, del perdón, de la benevolencia y, al pasar la página, todo lo contrario: la guerra, la venganza, la violencia. Está claro que todo es relativo. Para mi tía Pili, que es muy beata, Dios es una bendición, no hay maldad en Él, no puede haberla, y el cáncer que le está reventando la próstata al hombre con el que se casó hace treinta y tantos años es designio divino, porque venimos al mundo para morir algún día. Para Hitler y la Iglesia Católica Apostólica Romana, en cambio, Dios o Jesús, su hijo, el que nos redimió y que no salió por patas, a pesar de que sabía de pé a pá que lo iban a hostiar de lo lindo, son estandartes de guerra y, porque hay muchos infieles, herejes y ateos, y son malos malísimos, los vamos a torturar y asfixiar. Palabra de Dios, con dos cojones.

 

 

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