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Texto:
Marcos
Ripalda
Este librito
de cuentos me desconcertó al leer los primeros relatos, los más
breves. Los relatos me parecieron, y me siguen pareciendo, relatos
incompletos o, cuando menos, mal acabados, con pespuntes, o sea, que
no cierran. Pero esto sólo pasa con los primeros. Luego vienen
otros, algo más extensos, y el autor cacereño hace un ganchillo de
abuela muy estimable. De hecho, el relato que da título a la
recopilación y que la cierra, me dejó con muy buen sabor de boca. El
autor es asiduo al cuento y ha publicado otras recopilaciones de las
que tengo constancia aunque aún no las haya leído.
Rodríguez
Criado escribe claro, sin florituras, y va al meollo del asunto
desde muy temprano, apenas levanta el día para el relato. Abarca
temas muy dispares, con humor y ternura hacia sus personajes, que
suelen ser solitarios o se han quedado solos o les queda poco. El
absurdo o, más bien, lo ligeramente surrealista está presente en
muchos de estos cuentos. Los problemas de pareja, el enfrentamiento
con uno mismo, el recuerdo de un hecho irrelevante que deja su marca
con el transcurso de los años. Unas gotas se filtran y en un millón
de años se forman tres milímetros de estalactita.
Para quienes
quieran empezar a practicar la escritura de relatos breves, los
cuentos de este autor son excelentes. Ojo, no hallará el lector
relatos irreprochables o magistrales, pero van por el buen camino y
algunos, como ya adelanté, son notables.
Rodríguez
Criado compatibiliza desde hace años la escritura con la docencia en
diversos talleres literarios. Es colaborador habitual de El
Periódico de Extremadura, donde mantiene la columna semanal de
opinión “Testamentos”.
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