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Texto:
Ángel Muñoz
Sudamérica. El Cono Sur, Centroamérica … qué sería de la literatura
mundial sin esta vasta tierra impregnada de una magia especial en su
tradición escrita, de una fantasía desbordante en su lírica, en sus
leyendas, en su tradición oral, con un manejo realmente prodigioso
del castellano. Instalados por derecho propio en el olimpo de las
letras, inscritos en la historia nombres como Mario Vargas Llosa,
Cortázar, García Márquez, Rulfo, Bolaño, Pitol … y tantos y tantos
otros, es hora de enfocar la vista a decenas de talentos emergentes
de este semillero americano siembre bullente, siempre deslumbrante,
y entre ellos destaca de manera especial el peruano Iván Thays.
Alabado por su paisano Vargas Llosa que definió su obra como una
“vida consagrada a la literatura, una vocación que en su caso es una
pasión y una misión” y viniendo de quien viene dice casi todo.
Un
Lugar Llamado Oreja de Perro es una obra maestra de infinita aspereza. Dura,
desasosegante en todos los aspectos. Thays recrea con maestría el
infierno interno de un periodista limeño tras una trágica vivencia
personal que le deja vacío. Infierno en otro infierno, contenido y
continente. El protagonista se desplaza a Oreja de Perro, en
la Sierra
Norte de Perú en los llanos a 2000 metros de altura más allá de
Ayacucho, donde ni siquiera se habla casi castellano, donde
la Comisión
de
la Verdad se afana en llevar un poco de claridad a las
matanzas de los 80; crímenes de estado, convulsiones senderistas,
una lucha en la que siempre pagan el pato los campesinos quechuas. Y
este lugar salvaje, duro y castigado, lejos de todo, se convulsiona
con la visita populista preelectoral del presidente de la nación, y
con la llegada de las decenas de militares, policías y periodistas
que ello conlleva. Narrada con una prosa certera, cortante como un
cuchillo, el protagonista, sumido en un marasmo vital, incapaz de
escribir tanto una carta de vital importancia para su devenir
existencial, como una crónica, es mero espectador de las tensiones y
crímenes que marcan como un zarpazo ese trozo de planeta. Se debate
entre sustituciones emocionales incapaz de moverse, de respirar,
aplastado por el mal de altura, por los vientos del altiplano;
paralizado por una mujer chola, embarazada, violada y con
premoniciones; asqueado de su cínico fotógrafo; incomodado por las
miríadas de jovencitos periodistas limeños casi de exótica
excursión, que le reconocen como el guapo presentador de antaño.
Realmente este libro remueve el interior, te envuelve en una
atmósfera agobiante, triste y desolada. Thays consigue que el lector
se sumerja, en un ejercicio de empatía, en la mente del periodista
limeño, que pasee por la plaza de Oreja de Perro sintiendo los
vientos del altiplano, que se estremezca bajo las miradas de los
atemorizados y temidos militares, que sienta el dolor y dignidad de
cada campesino quechua, el olor a alcohol y la pantomima rastrera
del cacique local, y que como él, sea tan solo mero espectador de
esta procesión mientras rumia sus postreras decisiones.
Una joya, y un descubrimiento. Atentos a los próximos años. Thays
también hará historia, dejando huella con cada novela en nuestra
memoria.
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