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Texto:
Ruth Bautista
Como si del comienzo de una mala novela se tratara, ahora
mismo tengo al alcance de mi vista, en la esquina superior derecha
de la mesita que tengo enfrente, dos libros que han ido a reunirse,
por si solos, en un momento y lugar. Cada uno con su historia, con
un pasado y una trayectoria que inexplicablemente les ha hecho
coincidir en el mismo punto, en una tarde como esta. Los dos,
portadas blancas. Uno es El Cerebro Femenino, de Louann
Brizendine (¿será este un pseudónimo de un escritor masculino? Sé
que no, pero no podía remediar decirlo). El otro, Una Palabra
Tuya, de Elvira Lindo. Para colmo, en la contraportada del
primero, la susodicha Elvira dice: “Un fascinante libro”. Desde la
portada del segundo, una joven me mira inexpresiva. En realidad se
trata de una reproducción del cuadro: “Autorretrato, 1928” de
Ángeles Santos, de estilo Modigliani. Si es que mirada inexpresiva y
Modigliani pueden confluir en un párrafo, que lo dudo.
¿Existe la literatura para, sobre y por mujeres? Eso parece
querer marcar el mercado, pero ¿existe? ¿Existe siquiera el concepto
mujer? O no es más que un patrón, una palabra, una idea. Demasiadas
preguntas en mi cerebro, femenino.
Una Palabra Tuya
me ha hecho acercarme por primera vez a la literatura de Elvira
Lindo. Y he de decir que no me ha defraudado. Es, como esperaba,
tras haber leído durante muchos años a Lindo en el periódico, un
relato fluido y que transforma en literatura la verborrea que en
algunos momentos se percibe en el diario. El sarcasmo superficial
que la periodista se gasta, transformado en formal ironía de
escritora seria. Ironía al fin y al cabo. Y ahí está la gracia. Si
no recorriera cada línea de este libro no sería un buen relato. Pero
lo es. Ni demasiado profundo, ni demasiado largo. Algo pretencioso.
Algo de falsa humildad en la historia de estas dos mujeres
barrenderas. Algo de trasnochado orgullo de clase. Pero una novela
breve que se deja leer con gusto, que es lo importante.
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