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Texto:
Rufino Gómez
La sección de libros de bolsillo de
cualquier librería o gran superficie ejerce en mí un poderoso efecto
de atracción. Los precios, también de bolsillo, facilitan el acceso
al material necesario para atravesar uno de mis períodos de lector
compulsivo. Todos los años, como con los catarros, atravieso unos
cuantos. Ya sé que hay servicio de préstamo en bibliotecas, pero
otra fiebre que no puedo evitar sufrir es la de la “propiedad
intelectual”.
Así que empiezas a sacar libros por el
título impreso en el lomo y a leer las contraportadas. Y al rato
eres consciente de que la oferta editorial es enorme, y que leyendo
tantos argumentos y reseñas puedo echar el día sin salir de la
librería. No estaría mal si no tuviera otras cosas que hacer. Así
que cambio de táctica, y miro unas pocas portadas. Y veo la que me
ocupa y aparece junto a estas líneas. Y punto. Me lo compro.
Y diré porqué; es importante. Me lo compro porque me atrae la imagen
de la que supongo es la protagonista. Un argumento bastante
machista. Y lo digo con conocimiento de causa porque me lo compré
yo.
En esta misma plataforma he leído a
alguien preguntarse si existe literatura por o para mujeres. No lo
sé. Lo que sí creo es que Y punto. es una novela que gustará
a las mujeres y desmoronará a los que compren el libro por
argumentos machistas. Y me ha encantado reconocer y enfrentarme a
esa aparente incongruencia. La protagonista de la novela, Clara
Deza, es una subinspectora de la policía nacional en Madrid que debe
enfrentarse al caso de la muerte violenta (no natural al menos) de
uno de sus confidentes. El caso no parece caso hasta que acontecen
tres muertes más. Sobre la trama no diré nada más, sólo que a mi
juicio está muy bien hilada. Es un buen conductor para lo que a mí
me parece más interesante de la novela, que es conocer el carácter
de la protagonista, sus pensamientos, lo que dice y lo que se calla,
y la relación con los demás, sobre todo con los hombres.
Y todo lo que piensa o dice es siempre el
contrapunto femenino en un submundo, el policial, hostil para la
mujer. Pero creo que no tiene porqué ser tan diferente una comisaría
de policía de cualquier otro centro laboral. Y mientras la lectura
avanza, te hace recapacitar y acabas empatizando con Clara cuando
comenta la forma de ser de los hombres, aunque lo seas o
precisamente por serlo.
Sobre el estilo de Mercedes Castro de la
que es su primera novela, me ha llamado la atención, porque me costó
acostumbrarme, la libertad que se toma en cuanto a la forma de
narración, y es que puede pasar en la misma oración de narrar en
tercera persona a narrar por voz y pensamiento de Clara. Lo
complica, pero te hace estar más concentrado y eso me gusta porque
acabas apreciando y conociendo más el carácter de la protagonista.
Al final, por si no se habían dado cuenta, acabé admirando mucho a
Clara, y ya me había olvidado de la portada…qué más se puede decir.
Que la recomiendo. Y punto.
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