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Texto: Ángel Muñoz
Este delicioso volumen de la maravillosa colección
Sin_nosotras, que de la mano de autoras emergentes pone voz y
trazo a situaciones límites y socialmente sensibles, nos expone en
tan solo 185 páginas y en el transcurso una sola noche la terrible
situación del Beirut de los años 80 derivada de la cruenta guerra
civil que desangró el país de los cedros.
La joven dibujante y diseñadora libanesa Zeina Abirached
nos cuenta con un lenguaje visual limpio e impactante y con un trazo
duro en puro blanco y negro sus recuerdos de infancia y en concreto
una sola noche de bombardeo. Nos cuenta como se fue reduciendo su
espacio vital y el de todos sus vecinos, acosados por la sinrazón
que siempre supone una guerra fraticida.
Primero se fueron vaciando
las calles azotadas por el fuego inmisericorde de los
francotiradores, los vecinos tenían que andar como ratas parapetados
en contendores traídos del puerto para poder salir de su casa.
Después fueron las propias casas las que se fueron vaciando bajo el
infierno de los obuses y los bombardeos aéreos.
El recibidor de la
casa de nuestra protagonista se convirtió en el único sitio seguro
de todo su edificio, y lugar de reunión durante interminables y
angustiosas noches de todos los vecinos en cuanto sonaba la sirena o
se barruntaba el desastre con un fino y siniestro instinto de
catástrofe.

Khaled, dueño de un restaurante destruido y su bella esposa
Linda ex miss Libano, que amenizan las noches con sus reservas de
whisky procedente del antiguo local; Ernest, el pintoresco y
juicioso profesor de literatura que entretiene a los niños recitando
a Cyrano de Bergerac; Chucri, el hijo de la portera, taxista y el
encargado de que todo el frágil entramado en que se ha convertido la
vecindad pueda subsistir; Farah y Ramzi, matrimonio joven y
cultivado, y su anciana criada Anhala, una “tata” de las toda la
vida, cuidadosa y amantísima. Todos estos vecinos conforman el
minúsculo universo en el que se inscribe la familia de Zeina, cada
uno tiene su pequeña historia, siempre trágica, sus anhelos e
ilusiones que chocan con el muro diario de la guerra y sus miedos y
temores alimentados por cada muerto del que tienen noticia, por cada
bomba que cae, por cada silbido de obús que desquicia sus oídos.
Todos ellos, encerrados una noche más en el recibidor del
primer piso, de la casa de Zaina, presidido por un antiguo tapiz
familiar, nos muestran a través de sus conversaciones los detalles y
el día a día de una de las guerras más terribles de los años 80,
cotidianeidad exportable a la realidad de cualquier guerra.

Luego ni el recibidor pudo resistir. Más muerte.
La huida. Y el exilio. La terrible realidad de los que tienen que salir de su país
en llamas, de su hogar destruido. Siempre igual de terrible.
Una de las mejores novelas gráficas del año, de una de las
colecciones más cuidadas e intencionadas que podáis encontrar.
Imprescindible.
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