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Texto: Tomás
Sendarrubias
Este agosto, además de traernos las temperaturas altas y
las ferias de los pueblos, nos traerá el último (y quizá esperado)
número de lo que debería haber sido la gran saga Marvel de este año
(y a juzgar por la preparación y los preludios, como mínimo de la
década). El fin de la saga de los hombrecitos verdes del espacio
está aquí, y el resultado ha sido, como poco, decepcionante. Durante
ocho meses, Bendis ha suspendido la narración habitual de Nuevos
Vengadores y Poderosos Vengadores, lo que sumado a los
ocho números propios de la serie limitada hace un total de 24 cómics
(dos años de cualquier colección normal) para contarnos… pues
realmente nada.

Desde el momento en que descubrimos la existencia del plan
de los Skrulls para invadir la Tierra, todas las colecciones
relacionadas con Vengadores fueron lanzando pistas sobre la
existencia de posibles infiltrados en todos y cada uno de los grupos
de la Iniciativa, y por extensión, en posiciones de poder de todo el
Universo Marvel. El ambiente de paranoia que se fue creando,
haciendo hincapié en las habilidades de camuflaje y subterfugio de
la raza multiforme, comenzando a alimentar expectativas sobre lo que
habría de venir. Y el primer número parecía que íbamos por buen
camino. La revelación de algunos de los personajes que habían sido
sustituidos por los Skrulls y el trasfondo religioso anunciado por
el reiterado “Él te ama” parecían dar forma a las expectativas
creadas. Y a partir de ahí, todo fue cuesta abajo.
Bendis se olvidó de la paranoia que él había generado y se
centra en una historia simplona, con un puñado de Skrulls ocupando
posiciones secundarias (salvo excepciones), varios cruces bastante
traídos por los pelos, y sobre todo un montón de naves y skrulls
superpoderosos sobre Nueva York, San Francisco, Londres y Wakanda
dejando de lado todo su sigilo para lanzarse a una absurda batalla
campal en la que se suceden escenas que rozan el delirio (con Cassie
Lang, que hasta hace dos días jugaba a los muñequitos con Franklin
Richards, tumbando a un Superskrull con los poderes de Galactus de
un puñetazo). Y para terminar de rematar la faena, tanto en
Nuevos Vengadores como en Poderosos Vengadores, Bendis se
dedica a contarnos historias que, más allá de contarnos lo que Nick
Furia ha hecho en todo el tiempo que llevaba desaparecido, aportan
más bie n poco o nada al desarrollo de la historia general y nos
confirman lo que todos pensábamos: que la infiltración Skrull
comenzó anteayer.
Quizá si hubiera contado con otro desarrollo gráfico,
aunque la historia cojease, podría haber guardado buenos momentos
visuales, pero el dibujo sucio y un tanto “de monigotes” de Yu, pese
a haber mejorado respecto a su trabajo en Nuevos Vengadores
(gracias al cambio de entintador seguramente), no está a la altura
de una saga donde prima la acción más básica sobre cualquier otro
tipo de concepto. Sus escenas de conflicto son, como poco, risibles,
con figuras sin terminar, personajes que por sus palabras desdicen
lo que están haciendo, y héroes que parece que sólo saben pelear a
golpe limpio. ¿En los cruces con Nuevos y Poderosos
Vengadores? La rotación de dibujantes hace que el aspecto
gráfico cambie bastante de un número a otro, con destellos de un
genial Jimmy Cheung, un muy correcto Stefano Caselli, un Romita Jr
que no hace su mejor trabajo y un Khoi Pham bastante olvidable,
entre otros.
En fin, que lo que debería haber sido un evento histórico
se ha convertido en una seria más del montón… del montón de las
prescindibles. Al menos, la situación en la que queda el Universo
Marvel tras la Invasión y que se desarrollará bajo la enseña
de Reino Oscuro, parece bastante interesante. ¿Sabrán sacarle
partido? |