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Texto: Ángel Muñoz
De nuevo reseñamos un volumen no solo de la maravillosa editorial
(editorial, librería, espacio literario) Sins Entido, sino de su más
que recomendable colección Sin_nosotras, dedicada a descubrir
a través del dibujo y la novela gráfica la azarosa vida de mujeres
muy especiales. Si hace unos meses reseñamos
El
Juego
De Las Golondrinas,
de Zeina Abirached, destacable ejemplo del trazo limpio y
contrastado de Oriente Medio, en esta ocasión hablaremos de la vida
de la gran Kikí de Montparnasse de la mano de un tándem
creativo recién inaugurado y que a tenor del resultado esperemos que
se prodigue más: Catel Muller y José-Louis Bocquet.
Catel cuenta con una gran trayectoria en revistas literarias y en
ilustración de libro infantil, su salto a la novela gráfica se
produjo en 2004, recibiendo el premio del público por su obra Le
Sang Des Valentines; y Bocquet lleva años desarrollando una
larga carrera como guionista, poniendo en negro sobre blanco la
biografía de grandes como Gosciny o Hergé. Y precisamente ha sido
una biografía el fruto de su primera colaboración. No es ni mucho
menos la primera, pero probablemente sí la más original sobre Alice
Prin, Kikí de Montparnasse.
Kikí de Montparnasse
encarnó como nadie el espíritu de entreguerras del epicentro de la
vanguardia artística mundial: el barrio de Montparnasse. Fue musa,
modelo, amiga y amante de muchos de los artistas que decidirían en
sus estudios, en las tertulias de La Rotonde, en las comidas de La
Normandy o en las orgiáticas fiestas del Bal Negre, el devenir del
arte; Modigliani, Picasso, Man Ray, Desnos, Tzara, Kisling, Fujita,
Coucteau, Dechamp, Hemingway … Dadaísmo, cubismo, surrealismo,
abstracción … y siempre presente Kikí.
La obra que nos ocupa, repasa de manera exhaustiva a través de casi
400 páginas con un dibujo limpio y realista la vida de Alice Prin
desde su nacimiento en 1901 en el pequeño pueblo de Chatillon-Sur-Seine
a su muerte alcoholizada, obesa y drogodependiente en el
Montparnasse de los 50. Siempre orgullosa nunca recurrió a sus ya
famosos, millonarios e influyentes amigos, y nunca se marchó del
barrio, ya una sombra de aquellos locos años 20 en los que Paris
buscaba olvidar una matanza y no pensar en la siguiente. Un fin de
fiesta arrasado por una segunda guerra mundial y una posguerra en la
que Kikí, siempre en pos de la diversión, de la locura y el
hedonismo más extremo nunca encontró su sitio.
Alice nació en el seno de una familia pobre, de padre desconocido la
crió su adorada abuela que siempre le dio alas en sus travesuras y
fantasías infantiles. Su madre trabajaba en Paris como linotipista y
llegado el momento, Alice tuvo que marchar a la capital para
aprender el oficio. Pero pronto su carácter chocó con los planes de
su madre, y Alice tuvo que buscarse la vida en las calles de aquel
Paris agarrotado tras una primera guerra mundial. Pasó frío y
hambre, y comenzó a frecuentar a artistas de medio pelo para los que
comenzó a posar, como Ronchin. A partir de su romance con el pintor
polaco Mendejisky comienza a introducirse cada vez más en el círculo
de la vanguardia artística que desde Montparnasse comenzaba a
cambiar el mundo. Paris fue una fiesta.
El fotógrafo estadounidense Man Ray fue probablemente su gran amor,
y durante los siete años que duró su relación Kikí reinó en todo
Paris. Inmortalizada por Fujita, por Man, por Modigliani… no había
fiesta en la que no estuviera, ni escándalo en el que no se
encontrase. Tal vez para el gran público la obra más reconocible en
la que aparece es el Violín de Ingrés, de Man Ray, icono por
excelencia del surrealismo fotográfico. Ella misma pintaba y sus
acuarelas alcanzaron una notable cotización.
A través de su vida, desarrollada en minúsculos capítulos
coincidentes con cada hecho reseñable, desde un cambio de domicilio
a un cambio de amante, los autores plasman magistralmente los
grandes hechos de la vanguardia artística de entreguerras; la pelea
a puñetazo limpio entre Desnos y Tzara en La Coupoule en la que
murió el Dadaísmo, los Salones de Otoño que consagraron a Fujita, la
muerte de Modigliani, el desarrollo de los rayógramas y fotopoemas
de Ray … así como también retratan de manera
certera el fresco
social de la Francia de los años 20. El ambiente cosmopolita y
desenfrenado del Paris de entreguerras en contraste con el
provincianismo de la Francia rural, en la que su propia familia
renegaba de ella identificando su actitud con la de una suerte de furcia que no comprendían ni aceptaban, y de la costa en la que se
refugiaba Coucteau; el miedo que nadie se permitía aceptar a medida
que en Alemania se producen los pavorosos hechos que tanto
recordaban a la tragedia de hace dos décadas y que desencadenaron la
mayor guerra conocida nunca; y el refugio en una cada vez más
demente espiral de desenfreno que terminó apagándose contra el muro
de los panzer que tomaron la Ciudad de la Luz. y la triste posguerra
en la que Kikí terminó consumiéndose en sus recuerdos como último
bastión en el barrio de aquel fogonazo de creatividad y talento que
iluminó el mundo entero. Con la mayoría de sus amigos en el exilio o
muertos, pocos volvieron pasada la contienda, y los que lo hicieron
la pudieron ver cantando en los polvorientos y olvidados cabarets
con los ojos hinchados y enrojecidos por el alcohol. Murió de una
caída completamente ebria. A su entierro solo acudió Fujita y juró
no volver nunca a Montparnasse.
Completa el libro una breve biografía de cada uno de los personajes
que aparecen, que son muchos, y una completa bibliografía.
Un volumen delicioso. Una biografía apasionante y un fresco
imprescindible de una época y un lugar fascinante. El trazo es
realista y certero, cada personaje es un retrato fidedigno, cada
plaza, cada edificio… realmente recomendable, un acierto más de Sins
Entido. Genial.
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