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Texto: Stenzes Bantê
Vaya rollazo de cómic. Lo compré ilusionado, conste. Me habían
hablado muy positivamente de él y solté muy a gusto los quince pavos
que cuesta. Me puse a leerlo mientras tenía una conversación
profunda con el amigo Roca, sanitario de calidad. La primera
historia, la primera toma de contacto fue desconcertante, pero
supuse que tendría que ir acostumbrándome a los personajes, al
estilo narrativo, al dibujo. ¿O es que acaso era yo incapaz de
realizar dos actividades al mismo tiempo?
Me concentro en la segunda historia y compruebo que no hay mejoría.
La protagonista es una tal Maggie Chascarrillo. Estamos en los años
ochenta de una realidad paralela, supongo, que aquí hay dinosaurios
y motos que planean por los aires y una tía campeona del mundo de
lucha. La eclosión del punk. La anarquía. El todo vale. Lo que tu
digas. En cuanto a las viñetas, tampoco son para flipar. Muy
normalitas. Viñetas en blanco y negro, por cierto, que lo hacen
menos atractivo aún.

Llego a la tercera historia. Cero mejoría. Decido continuar en otro
momento. Pasan dos días y el volumen Locas 1 sigue pareciéndome una
idiotez. Aunque también puede suceder que me coja mayor y nostálgico
y prefiera al Capitán Trueno, que es una chorrada pero me deja
felicísimo. En fin, lo que le pase a estas locas me tiene sin
cuidado. Antes de la página 62 me rindo. Ay, y pensar que hasta Alan Moore, el autor de Watchmen, lo alaba en la contraportada.
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