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Texto: Ángel Muñoz
“La grandeza de un ser humano se mide por la cantidad de
verdad que es capaz de soportar”. Esta cita de Nietzsche, nada
menos, sirve de apertura a la última historia del genial Miguel
Ángel Martín, Playlove (donde las calles no tienen nombre), y
desde luego es un acierto introductor a la temática que se
desarrolla a lo largo de las poco más de 200 páginas que abarca esta
joya.
Poco más se puede decir de Miguel Ángel Martín (León, 1960)
de lo que ya se ha dicho. Uno de los más influyentes, galardonados,
reconocidos y prolíficos autores nacionales. Uno de los Grandes como
diría Firmin. Obras como Brian the Brain, Anal Core,
Snuff 2000 o Psychopathia Sexualis han marcado hitos
en una carrera en la que además del cómic nuestro autor ha tocado
todas las ramas de la cultura underground, portadas de
discos, diseño gráfico, cortos… Su dibujo es inconfundible, así como
su temática. Con su
trazo aséptico, limpio y futurista desgrana
historias de una violencia silenciosa, de una deshumanización fría y
calculada, de sexo duro, bizarro, humillante y retorcido. Sus
personajes son desviaciones, monstruos a trav és de los cuales
podemos ver reflejadas las más oscuras pasiones. Miguel Ángel Martín
asusta y engancha en cada historia. Asusta porque nos da una hostia
de realidad en cada viñeta, solo hay que desviar la mirada un tanto
a la oscuridad que rodea el camino para descubrir esas pulsiones
dentro de muchos de nosotros y de los que nos rodean. A través de
sus personajes aberrantes y enfermos retrata de manera mordaz e
irónica el mundo y la sociedad actual que disfrazada de buenas
formas y de promociones de color de rosa esconde el monstruo más
voraz y cruel que haya.
“La infidelidad es una maldición” con estas palabras
comienza el magnífico prólogo de Hernán Migoya en el que diserta
acerca de los machos alfa y los machos amaestrados,
las clases de hombres y cómo y cuáles convienen y gustan a las
mujeres. Y precisamente es un macho alfa, un auténtico
depredador el monstruo de Playlove, Dani. Porque esa es la
novedad de este libro, no hay violencia, no hay torturas y
sometimientos, humillaciones y sexo oscuro. Pero sí hay una víctima
principal, Ari nuestra protagonista, unas víctimas colaterales,
todas las mujeres que la rodean, y un verdugo, Dani. En este caso el
de predador se centra en los sentimientos, en enamorar y jugar con
las mujeres como si fueran despojos de una presa recién abatida.
Miente, seduce, engancha y juega con ellas. De hecho no hay otro
objetivo en su vida. Es un auténtico asesino en serie, las
colecciona, las fotografía, inventa una vida para cada una de ellas,
procura no cometer errores… las destroza sentimentalmente y las
almacena. No desvelaremos el sorprendente final, casi todos los
depredadores terminan abatidos.
Miguel Ángel Martín nos engancha con este cómic salpicado
de su característico humor negro y su ácida crítica social en el que
desarrolla toda una trama casi de película de terror trasladada el
terreno de los juegos amorosos, perfectamente adaptada a su dibujo
frío y aséptico y a sus guiños futuristas, y la culmina con un final
redondo y completamente inquietante.
La última entrega de un genio, uno de mis imprescindibles
para este año que comienza.
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