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Texto: Ángel Muñoz
Corea del Norte. ¿Qué sabemos realmente de este lejano
país? Uno de los países más cerrados del mundo. Último paraíso del
estalinismo. Incluido por EEUU en los países del Eje del Mal debido
a su desesperado chantaje nuclear para conseguir algo de arroz a su
famélico pueblo sin reconocer una derrota. Todo esto lo sabemos.
Kim Jong Il, hijo de Kim Il-sung, y heredero del poder
máximo en este país en la única dinastía comunista hereditaria del
mundo. Querido Líder, Amado Sol de Acero, Maestro de la Tecnología.
Una golondrina anunció su nacimiento, sobre el limpio sol de Corea
del Norte apareció un doble arco iris y una estrella iluminó
Pyongyang durante tres días. Hombre de voluntad férrea e
inteligencia superdotada, desarrolló él solito en más de cien libros
la teoría Juche, una
derivación ultranacionalista de las teorías
leninistas. Su cumpleaños es la fiesta nacional, devorador
incansable de todo tipo de cine, incluido el porno, en un país en el
que está prohibido, también se le llama Mago de la Tecnología, por
saber navegar por Internet, en
un país donde también está prohibida
esta ventana al mundo exterior. Todo esto sería risible si no fuera
dramático. Puede que todo esto también lo sepamos.
Que uno de los mínimos signos de aperturismo de este país,
amén de una entrada de las
tan necesarias divisas, sea la
posproducción de series y películas de animación occidentales no es
tan conocido. Y que para supervisar este trabajo empleados de estas
empresas, en su mayoría francesas y canadienses, pasan largas
temporadas en Pyongyang trabajando con los especializados y
disciplinados trabajadores norcoreanos tampoco.
Y lo más desconocido de todo: el día a día en esta paranoia
colectiva y personalista que es la vida diaria de Corea del Norte.
Guy Delisle desvela en este delicioso volumen publicado por
Astiberri su experiencia en Pyongyang. Con el trazo firme y claro y
el lenguaje directo que ya nos encandiló en Shenzhen, nos
adentra en el día a día del pueblo norcoreano, o mejor dicho, de los
extranjeros autorizados a trabajar en el Paraíso del Estalinismo, y
los atisbos de la absurda realidad que pueden captar desde su no
menos ridícula jaula de oro. Delisle logra una empatía total entre
el lector y el personaje que se sumerge en la realidad cotidiana de
los extranjeros en Pyongyang. Sus dos restaurantes permitidos solo
para extranjeros, restaurante nº1 y restaurante nº2; el cine más
grande del mundo que sólo funciona una vez al año para una sesión
obligatoria de cine estatal, el metro más profundo del mundo que
sirve de refugio nuclear, con escaleras mecánicas de más de 300
metros y que
no funciona, sólo es una visita obligada para los
visitantes extranjeros, que no
pueden viajar en metro y los
pasajeros que encuentran son figurantes; la falta total de alumbrado
nocturno (oficialmente para evitar bombardeos, no hay que dejar que
el pueblo sepa que Nuestro Querido Líder no puede pagar la factura)
salvo en los monumentos que convierten a Pyongyang en una urbe
fantasma; el oasis que supone el barrio de las ONG, permitido solo a
occidentales, la permanente presencia con cada extranjero de su
“guía” y su “traductor” y la relación que se va estableciendo con
estos abnegados funcionarios, el estupor que supone el deseo de dar
un paseo por las calles de la ciudad, la omnipresencia del Amado
Líder y padre hasta en los detalles más mínimos y la inquebrantable,
fundamentalista y paranoica (¿o tal vez aterrada?) lealtad de sus
ciudadanos... Detalle a detalle, Delisle nos asombra a cada página
con una realidad alejada y desconocida, la realidad cotidiana de un
régimen desquiciado que nos hace reflexionar sobre la tragedia en la
que la personalidad megalómana de un líder enfermo y la rapiña de
una corte de tecnócratas aduladores puede sumir a todo un pueblo.
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