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Texto: Tomás
Sendarrubias
En el relanzamiento de colecciones de DC que tuvo lugar
tras Crisis Infinita hace ya varios años, curiosamente la que
debía haber sido una colección enseña de la casa, aquella en la que
se reúnen sus héroes más grandes, fue una de las que a largo plazo
salieron peor paradas. La Liga de la Justicia de América
(conocida normalmente por las siglas JLA) quedó en primer
lugar en manos del novelista Brad Meltzer (conocido en el mundo del
noveno arte por haber escrito Crisis de Identidad, la
saga que removió los propios cimientos del Universo DC) y el
dibujante brasileño Ed Benes, en una etapa llena de controversias
que concluyó con el aterrizaje en la colección del guionista Dwayne
McDuffie, llegado de Marvel, donde había llevado a cabo una de las
etapas más... pasables de Los Cuatro Fantásticos, lo que no
auguraba un futuro muy luminoso para la JLA. Y así fue, quizá
por defecto del propio guionista, quizá porque la presión del editor
jefe de DC pata incluir a la JLA en un crossover tras otro,
pero la etapa de McDuffie se fue hundiendo poco a poco, hasta que
tras una discusión con el editor jefe, el guionista abandonó la
serie.
El elegido para renovar la JLA sería el inglés James
Robinson, viejo conocido de los lectores de DC y Marvel, y lo haría
redefiniendo el estatus de la propia JLA en una serie de
siete números publicada en España este mes por Planeta en un tomo
unitario con el nombre de Réquiem por la Justicia. Robinson
deconstruye el propio concepto de la Liga de la Justicia, en crisis
interna tras los acontecimientos de Crisis Final, y utiliza
al Green Lantern clásico, Hal Jordan, y a Green Arrow para reunir un
nuevo grupo de héroes para hacer frente a un villano de segunda que
salta en Réquiem a la palestra de los principales, Prometeo,
creado por el genial Grant Morrison en su etapa al frente de la
JLA.
Robinson reúne un improbable grupo de héroe (incluyendo uno
de los más bizarros de los últimos tiempos, con el memorable nombre
de… Congorilla…) y los hace evolucionar en una compleja trama que se
va desvelando ante nosotros como una cebolla, capa tras capa,
guiándonos de forma casi imperceptible a una historia con un final
de los más crueles y sorprendentes que ha dado el mundo del cómic de
superhéroes, lo que convierte JLA: Réquiem por la Justicia en
una obra madura, adulta, de esas en las que Robinson parece ser
especialista.
A los lápices, nos encontramos con el italiano Mauro
Cascioli, que más que dibujar, pinta, recordando esas grandes obras
pintadas por Alex Ross (Justicia, Kingdom Come…) o Gabriel
dell´Otto (Secret War). Aunque en algunos momentos el trazo
de Cascioli es demasiado estático (el precio a pagar por la mayoría
de los pintores de este tipo), le otorga a la obra una sobriedad y
un peso estético que, personalmente, creo que favorece el desarrollo
de una historia de esta sobriedad.
Un buen cómic, sin duda, tanto de un modo unitario a como
prólogo de la nueva etapa de JLA (que continuará en manos de
Robinson y de un dibujante mucho más “comiquero” que Cascioli, Mark
Bagley), y aunque ha despertado opiniones encontradas, desde luego
que merece la pena leer, aunque sea para formarse una personal.
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