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Texto: Tomás
Sendarrubias
En los próximos meses, Panini pondrá a la venta el primer
tomo de la serie que en Estados Unidos se tituló “X-Men Forever”,
y que parte en principio de una de las premisas más originales de
los últimos tiempos, que Marvel ya ha sabido aprovechar con nuevas
series del mismo estilo, como X-Factor Forever o New
Mutants Forever, que recurren a la misma idea: continuar las
series con sus autores más emblemáticos y a partir del momento en
que las abandonaron.
Cualquier aficionado a los cómics sabe que Chris Claremont
es el gran patriarca de la factoría mutante, y que durante años
estuvo al frente de la serie principal, Patrulla-X y durante
algún tiempo, también los Nuevos Mutantes. Su nombre se ha grabado
en la historia del noveno arte por méritos propios, y consiguió
convertir una colección marginal en la franquicia más rentable del
Universo Marvel. Pero los años 90 fueron muy duros para el cómic en
general, y muchos autores de prestigio fueron apartados de las
colecciones para dar cabida a recién llegados, estrellas del dibujo
que decidieron probar suerte en los guiones también (con una suerte
discreta en el mejor de los casos). Y eso fue lo que ocurrió en
Patrulla-X tras la saga de Isla Muir. Patrulla-X pasaría
a manos de Whilce Portaccio, y la recién creada X-Men, tras
tres números en los que el propio Claremont dejaba dispuesto el
destino de Magneto, quedaba bajo la tutela en solitario de Jim Lee.
A partir de ese momento, y durante muchos años, Claremont
se mantuvo lejos de los mutantes, aunque regresaría a Patrulla-X
y X-Men durante una controvertida etapa, que demostró que
el maestro estaba ya muy lejos de sus mejores momentos. Y
finalmente, hace poco, Quesada decidió que Claremont podría seguir
las aventuras de sus X-Men en el momento en que las dejó. De modo
que en X-Men Forever tenemos exactamente qué hubiera pasado
si Claremont no hubiera dejado nunca X-Men. La historia arranca
directamente desde el momento de la muerte de Magneto, con la
persecución de Fabián Cortez, y desde allí, arrancan nuevas
historias, con la aparición de un enigmático grupo de villanos
llamados El Consorcio, la muerte de uno de los hombres-X más
conocidos, y la traición de uno de los miembros más clásicos del
grupo.
A priori, la idea parece buena, pero hay una serie de
fallos que, al menos de momento, impiden que el arranque de X-Men
Forever sea todo lo agradable que podría haber sido. Personajes
que en aquellos momentos formaban parte de la Patrulla (Arcángel,
Mariposa Mental, Júbilo…) han desaparecido, mientras que Rondador
Nocturno y Gatasombra han regresado de Excalibur sin
explicación alguna. La identidad de Pícara se revela, y el nombre de
Gambito se cambia sin motivo aparente. Y no sólo eso, sino que en
determinados momentos, Claremont parece contradecir sus propias
historias. Además, el dibujo de Tom Grummett, aunque funcional,
tampoco es exactamente espectacular, así que tampoco es realmente un
aliciente para lanzarse a la lectura de este cómic.
Así que podemos decir, en resumen, que se trata de una
lectura entretenida, pero que no es imprescindible ni siquiera para
los más acérrimos seguidores de Chris Claremont y sus X-Men.
Entretenido… pero poco más.
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