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Texto:
Marcos
Ripalda
Tras el estupendo
Moon Safari
(1998), el irregular
Talkie Walkie
(2004), de portada horripilante, y colaboraciones varias de desigual
calado, como la banda sonora de la película
Las vírgenes suicidas,
de Sofia Coppola, Air se descuelgan con esta “Sinfonía de bolsillo”
cuyo caudal brota del ambient descafeinado y el pop
electrónico de pegada breve. Sí,
Pocket Symphony
es un disco para estar relajado en el que no hay ningún single tan
demoledor como “Sexy Boy” (¡qué ritmo!) o tan precioso y erotizante
como “Cherry Blosson Girl”, y sí joyas electro-acústicas como “Photograph”,
que resume el concepto zen occidentalizado del álbum.
Las
colaboraciones de Jarvis
Cocker (Pulp), al que Risto, por similitud física y aspecto de
dandy guarrete, debería dedicarle una buena felación, a ver si
se pone más suavito, y de Neil Hannon (The Divine Comedy), con esa
voz deliciosa que recuerda a Scott Walker, antes de que le diese por
los experimentos operístico-tenebrosos-vaya-usted-a-saber-qué-más, y
Frank Sinatra pasados por la turmix del Heidi-pop, a saber: Belle
And Sebastián, Camera Obscura y otras delicatessen con un pie
en lo bonito y otro en lo bobalicón, o sea, son lo menos destacado
de este álbum producido por Nigel Godrich, que barniza de calidez
los pasajes sonoros de Nicolas Godín y Jean-Benoît Dunckel,
responsables de Air, y a quienes les ha dado, como le dio a George
Harrison por el sitar cuando The Beatles estaban a la gresca,
por el koto y el shamisen, instrumentos milenarios de
la cultura japonesa, que explican, en parte, el halo de deja vú
de algunos temas.
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