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ANTONY AND THE JOHNSONS

The Crying Light

Secretly Canadian, 2009

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Me alegra que Antony Hegarty haya llegado a un público, si no masivo, al menos lo suficientemente alejado de la sonrojante, aunque no menos estimable, zona de los que habitan en números rojos en detrimento, qué duda cabe, de especimenes que estarían mejor vendiendo seguros o plantando cebollinos. Y mi sorpresa fue mayúscula cuando leí en EP3 que era el segundo disco más vendido de, si no recuerdo mal, la primera semana de febrero, codeándose con Raphael y otras exquisiteces patrias e internacionales. O sea, que hay esperanza, y hasta vida, más allá de los límites de La oreja de Morfeo y El sueño de Van Gogh, figúrate.

 

Habiéndolo puesto durante semanas en el reproductor antes de atreverme a escribir esta reseña, considero que éste es el mejor de sus tres álbumes hasta la fecha, aunque no contenga canciones excepcionales como “The Lake” o “Twilight” y sí diez temas notables, entre los que sobresalen, apenas un asomo, ya digo, “Kiss My Name”, la más movidita y optimista del paquete; “Everglade”, una balada muy sentía que cierra el disco; y la titular y balsámica “The Crying Light”, una pieza más sofisticada aunque mucho menos barroca que la intensa “Hope There’s Someone”, que abre su anterior trabajo, I Am a Bird Now (2005), y que la primera vez que la escuché, por cierto, me dejó sentao.

 

Tras su colaboración con Hercules And Love Affair, el proyecto de pop bailable del productor neoyorkino Andrew Butler, muchos temieron que la carrera de este freak andrógino ultrasensible hubiese mutado hacia el territorio de los rompepistas, y más si teníamos en cuenta el acertadísimo single “Blind”, una chulada para dejarse el alma y lo que no es alma en el ruedo. Pero tras la publicación del EP de adelanto Another World (2008), más bien flojillo, conste, se disiparon las dudas: habría pop-soul lastimero para, al menos, otra temporada, así que los amantes de la sensibilidad a flor de piel y los cazanovedades y, por qué no, algún despistao travestido de enteraillo estaban de enhorabuena.

 

The Crying Light, dedicado al bailarín y creador de la danza Butoh, Kazuo Ohno, es el equivalente pop a la música de cámara. Por cierto, The Johnsons son la banda de acompañamiento de Antony.

 

www.antonyandthejohnsons.com

 

 

 

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