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Texto:
Marcos
Ripalda
Difícil, muy difícil ser justos con este disco. Gulag
Orkestar es obra de Zach Condon, originario de Albuquerque
(Nuevo Méjico), que tiene 19 años o puede que, cuando leas estas
líneas, haya cumplido los 20. Condon se ha visto arropado, y esto,
qué duda cabe, ayuda, en las tareas de producción, por Jeremy Barnes
(Neutral Milk Hotel) y Heather Trost (A Hawk And A Hacksaw).
Beirut podría colar como banda sonora de cualquiera de las
sobrevaloradas películas de Emir Kusturica. Es decir: una banda
callejera de gitanos del Este de Europa o una charanga digna de las
fiestas de Aguilafuente, pueblo ilustre de Segovia, donde se fríen
choricitos cuando despunta el día para regocijo de amantes de “la
última y me voy”. O lo que es lo mismo: una falsa orquesta balcánica
que chisporretea entre la modernidad folkie y los claroscuros
de la música clásica contemporánea. Vamos, música alegre, de
fiestorra de las de comer abundante y beber más, si cabe. Y todo
envuelto en ukeleles, violines, mandolinas, congas y percusiones
tribales que hacen de Gulag Orkestar un álbum muy
recomendable si te gusta imaginar a Stephen Merrit disfrazado de
Goran Bregovic con acordeón. O a Sufjan Stevens en el pellejo de
Yann Tiersen con acompañamiento de clarinetes, campanas y do-re-mi
do-re-mi.
El registro vocal
de Condon, que para su debut ha elegido el nombre de una cuidad del
Líbano, unas veces se aproxima a la irritación balsámica de Thom
Yorke (Radiohead) y otras al malditismo exquisito de Rufus
Wainwright.
www.beirutband.com
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