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BJÖRK

Volta

Universal, 2007

 

Texto: Ruth Bautista

 

Darse el lujazo de publicar un disco para ti misma, para tus colaboradores y para todos los amigos, tuyos y de los otros, como el Medúlla, tiene sus pros y sus contras. En lo que a mí concierne, la consecuencia elemental es que mi primer acercamiento al Volta es puro, libre de expectativas y prejuicios. Cualquier cosa puede sonar a continuación. Lo que encuentro es un disco que suena a la Björk de siempre, al Debut, al Homogenic, al Vespertine, al Selma’s songs… Björk se ha rodeado de gente nueva, llegada de puntos extremos del planeta, de China, de África, de Islandia y América, para recuperar su propio sonido. Y con tanto exotismo, Volta resulta un álbum muy variado. Flojo en algunos momentos y grandioso en otros.

 

Las cotas memorables se alcanzan de la mano de Antony Hegarty, quien colabora en dos duetos. Los dos se complementan sin entrometerse en terreno ajeno, como una mezcla de contrastes cromáticos en la que cada uno brilla con su propia luz. Björk aporta su evocadora imaginería, propia de una párvula aún sin contaminar por el mundo adulto y Antony consigue como casi siempre que su voz suene poderosa, espectral, cual ánima vagabunda entre dos mundos, como un dios mitológico ni aquí ni allí, pero por encima y debajo de todo. Está claro que a algunos les resultará intragable semejante amalgama, pero para duetos inocuos siempre les queda una vía: ver los programas de la tele.

 

A pesar de que el álbum ronda por momentos el cielo, en otros se pasea sin pudor por el infierno, con algunas paradas en el limbo de la nada. Las colaboraciones con Timbaland son desiguales: “Earth Intruders” abre el disco elocuentemente al ritmo agitado de una Björk primitiva, mientras “Innocence”, sin embargo, coproducida también por él, es insufrible. Interminables ecos portuarios provocarán que más de uno se dé por vencido y pulse el botón de siguiente antes de que “Wanderlust” cobre vida, cosa que acaba ocurriendo, pero demasiado tarde. Björk, por primera vez, falla al definir los tiempos. A mitad de camino se queda la colaboración de Min Xiao-Fen, demasiado etérea y desaprovechada.

 

Para los amantes de los discos redondos, Volta no será más que una recopilación de buenas canciones, incoherentes entre sí. Quizás lo mejor que se pueda esperar de él sea la colección de singles, y sus caras Bs, que de él se desprendan.

 

 

 

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