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Texto:
Ruth
Bautista
Darse el lujazo de publicar un disco para ti misma, para
tus colaboradores y para todos los amigos, tuyos y de los otros,
como el Medúlla, tiene sus pros y sus contras. En lo que a mí
concierne, la consecuencia elemental es que mi primer acercamiento
al Volta es puro, libre de expectativas y prejuicios.
Cualquier cosa puede sonar a continuación. Lo que encuentro es un
disco que suena a la Björk de siempre, al Debut, al
Homogenic, al Vespertine, al Selma’s songs… Björk
se ha rodeado de gente nueva, llegada de puntos extremos del
planeta, de China, de África, de Islandia y América, para recuperar
su propio sonido. Y con tanto exotismo, Volta resulta un
álbum muy variado. Flojo en algunos momentos y grandioso en otros.
Las cotas memorables se alcanzan de la mano de Antony
Hegarty, quien colabora en dos duetos. Los dos se complementan sin
entrometerse en terreno ajeno, como una mezcla de contrastes
cromáticos en la que cada uno brilla con su propia luz. Björk aporta
su evocadora imaginería, propia de una párvula aún sin contaminar
por el mundo adulto y Antony consigue como casi siempre que su voz
suene poderosa, espectral, cual ánima vagabunda entre dos mundos,
como un dios mitológico ni aquí ni allí, pero por encima y debajo de
todo. Está claro que a algunos les resultará intragable semejante
amalgama, pero para duetos inocuos siempre les queda una vía: ver
los programas de la tele.
A pesar de que el álbum ronda por momentos el cielo, en
otros se pasea sin pudor por el infierno, con algunas paradas en el
limbo de la nada. Las colaboraciones con Timbaland son desiguales:
“Earth Intruders” abre el disco elocuentemente al ritmo agitado de
una Björk primitiva, mientras “Innocence”, sin embargo, coproducida
también por él, es insufrible. Interminables ecos portuarios
provocarán que más de uno se dé por vencido y pulse el botón de
siguiente antes de que “Wanderlust” cobre vida, cosa que acaba
ocurriendo, pero demasiado tarde. Björk, por primera vez, falla al
definir los tiempos. A mitad de camino se queda la colaboración de
Min Xiao-Fen, demasiado etérea y desaprovechada.
Para los amantes de los discos redondos, Volta no
será más que una recopilación de buenas canciones, incoherentes
entre sí. Quizás lo mejor que se pueda esperar de él sea la
colección de singles, y sus caras Bs, que de él se desprendan.
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