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Texto:
Marcos
Ripalda
Lo cierto es que es la primera vez que oigo un disco que
orbita en los senderos del dubstep, que no es más que el
acompañamiento musical, que lleva ya unos años sonando, en los
selectos y no tan selectos clubs londinenses de cimbreado fácil,
para delirio de los Djs de moda. Se trata de música de ritmos
aletargados que invitan al esparcimiento interior. Y esto, aunque
suene a terapia gestáltica, es cierto. Porque es música que evoca
relatos y disparates a partir de la desaceleración de la melodía,
con un bajo persistente y la intrusión de susurros y brumas densas.
El dubstep de Burial sigue el modus operandi del
ensimismado movimiento shoegazer, cuyo valuarte fue My Bloody
Valentine, pero a la inversa, es decir, extendiendo los bajos y las
sedantes percusiones en detrimento del ruido. Y todo este mejunje,
además, dosificado en slow motion, lo que posibilita que la
dimensión perturbadora de sus envolturas sonoras se acentúen.
Ya me lo decía el grillo de Pinocho en un sueño que tuve a
tenor de su escucha. Es como si te arrastrases por un suelo de
terciopelo bien aspirado. Te arrastras y no sabes por qué lo haces.
El caso es que lo haces. El suelo está limpio y no te incomoda
arrastrarte. Pero si levantas la cabeza, te encuentras con imágenes
aterradoras en las paredes. Por eso no la levantas y te sigues
arrastrando. Frente a la incomodidad que siente el lado izquierdo de
tu cerebro, el lado derecho hace caso omiso y quiere seguir
perturbándose. David Lynch y sus émulos podrían sacar provecho de
esta banda sonora del dulce desamparo.
Les explico el modo de preparación. Tómense los ritmos
sincopados del UK garage y retuérzanse un poco más. Añádanse
interferencias y bajos amplificados e irritaciones sonoras diversas,
en plan suave y acariciante, claro. Si el sofoco o adormecimiento es
considerable, rebajar con heavy o idiotizantes triunfitos. Si
persisten los síntomas, echarse a dormir. En la cama. Y tapadito.
Nada de sofá.
Si Dostoievski
escribió la novela Memorias del subsuelo en 1864, Burial las
ha resucitado para la música del siglo XXI. Bienvenido al pantano,
dear friend.
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