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Texto:
Rafa Pastor
Para quien sea
aficionado al sonido ahora denominado roots rock esta banda
no tendrá secretos, para quien no, es un buena ocasión de que
conozca de qué se trata. El trabajo lo merece. Estamos ante una
banda de culto, no solo por sus miembros (Gary Louis, Kraigh Garret
Johnson y Marc Perlman de Jayhawks, Jeff Twedy de
Wilco y Dan Murphy de Soul Assylum), sino por que lo que hagan estos
chicos, libres de los compromisos de sus formaciones, marca la
dirección en un espacio sonoro que ocupan un sinfín de bandas. En
esta ocasión hay dos cosas que se destacan: la confirmación de
Kraigh Garret Johnson como un gran compositor, con este trabajo deja
de ser un outsider de lujo y pasa al formación titular (ojo con los
trabajos de este chico en adelante, su primer disco en solitario fue
una gran sorpresa); y la producción de Paco Loco que sin duda es
otra gran confirmación para este gaditano que con Jet Lag ya había
apuntado en esta dirección, pero colaborar con Dan Akerson en la
producción ya es entrar en la Mayor League. (lo que se
confirma con la reciente grabación y producción del último trabajo
de otro histórico Syd Griffin).
La atmósfera
del trabajo destila un cambio bastante significativo desde su última
entrega. Para empezar la banda ha perdido alguno de su históricos
miembros y ya no estamos a ante una formación comprometida con el
nuevo sonido que se denominó Alt Country. Se dejan aparcados
los complicados experimentos sonoros de algunos de sus miembros, a
los que últimamente el pop-ruidoso-progresivo les ha alterado un
poco el coco (Jeff Tweddy), y aunque algo queda algo no
oculta lo que es evidente: han vuelto al rumbo que marcó el comienzo
de las carreras de estos veteranos músicos. Armonías cristalinas,
acompañados de impecables juegos vocales recuperan su espacio en el
sonido de la banda, y eso siempre es de agradecer, aunque sea volver
al pasado y algunos no lo perdonen.
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