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Texto:
Ángel Muñoz
Sinceramente,
pocas veces he escuchado un disco, he pensado en lo que me
transmite, en lo que me hace sentir, en cómo suena, en cómo sonaban
sus miembros; me he parado a pensar, lo he vuelto a poner y me he
quedado igual. Con El momento de hacer me ocurre esto mismo,
no sé qué pensar. Y no me llega a tocar la fibra.
Supongo que de
todos modos, el no dejar indiferente es una virtud, para bien o para
mal. Esto es lo que me ocurre con este El momento de hacer. Y
me ocurre en todos los sentidos desde el comercial al musical. La
idea de poder descargarte el disco desde la web desde luego que no
es nueva, y podríamos disertar durante horas sobre el fin de la
industria discográfica y el fenómeno My Space como plataforma de
difusión musical y generación de nuevos valores, pero en My Space no
se vende el disco, y desde luego que ya se comprobó con el último de
Radiohead como la venta de la cuidada edición de su trabajo se
vendió como la espuma. Desde luego no es criticable, ofrecerlo
gratis encaja totalmente con la ideología del grupo, pero siempre me
queda la idea de la gratuidad como señuelo comercial para la venta
de su CD (que tengo en mi estantería), todo el mundo hace lo que
puede para llegar a viejo.
Engarzando con
lo anterior, siempre se ha dicho que su bautizo como Garzón era un
homenaje a McCarthy, puede ser verdad, sus ideas son claras, pero
desde luego McCarthy estaba criando malvas cuando Tim Gane y
compañía sacaron el proyecto, y Garzón lió una gorda a estos chicos
que se tuvieron que rebautizar como Grande – Marlaska y no les vino
mal la publicidad. Que si, que estoy hablando por hablar, que me
perdonen si me leen, y que está claro que no son un grupo de
radioformula y de vender millones de copias, y que uno a los años, y
viniendo del mundo analógico de maquetas de cassettes de hace 20
años desconfía de estas cosas, pero...
En fin, y
yendo a lo que importa, musicalmente hablando tampoco sé que pensar.
Creo sinceramente que se lían. El estimulante y sincero Pepo Márquez
lo bordaba con The Secret Society, ese era su elemento natural,
canciones acústicas y afiladas, conciertos cálidos y cercanos, con
un compromiso intelectual e ideológico digno de agradecer y que han
heredado el resto de sus proyectos. Roberto (Ladinamo) y Malela (Nosoträsh)
son las otras partes del conjunto. Y cada uno aporta su experiencia,
y su bagaje para parir este largo tras el despegue de Garzón.
Compromiso en
las letras innegable y actitud, mucha actitud, desde luego intentan
reivindicar sus influencias, pero a mi se me quedan en el camino.
Hay que tener bastante talento para saber conjugar trayectorias e
influencias dispares y reinventarse con un sonido nuevo. El disco
empieza prometiendo, el primer corte, “El momento de hacer”, me
parece una canción de buena factura acústica con el sello de Pepo
muy presente. Los tres primeros cortes pasan el listón. Pero hacia
la mitad del disco con canciones como el sexto corte, “La Quinta”,
que se me antoja casi una canción de los chicos del coro de una
parroquia de barrio yendo a catequesis; o “Turno de réplica”, en la
que experimentan una suerte de acordes de surf garaje con el que
cuando menos no tienen suerte, creo que el disco naufraga para
quedarse en un trabajo que en mi caso no cumple las expectativas que
tenía tras haber seguido la trayectoria de sus miembros y sobre todo
tras lo que se ha hablado de este grupo y este disco en la escena
independiente de Madrid.
Actitud y
honestidad no les falta, ideas tampoco y directo desde luego que no.
Y sinceramente, no sé exactamente porqué el disco me aburrió,
aprendiz de todo maestro de nada se dice, se me antoja por un lado
falto de la alegría y frescura del pop más puro y brillante, por
otro tampoco destila la melancolía de un pop suave y aterciopelado,
y desde luego les falta rabia y coraje cuando tratan de asaltar un
tema a base de rock.
Perdonen por
molestar, pero en este caso diría que zapatero a tus zapatos.
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