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HOWLIN RAIN

Magnificent Fiend

Birdman Records / American Recordings, 2008

 

Texto: Asier R.

 

Como suele ser habitual, mientras escribo las siguientes líneas estoy oyendo el álbum a comentar. O medio oyendo porque el tremendo constipado que tengo hace que prácticamente me suene en “mono”. Estaba intentando acordarme un poco de la primera sensación que tuve al escuchar este disco hace ya un mes más o menos y lo cierto es que no la recuerdo.

 

Pero en mi mente si está grabado un instante realmente emocionante en el que se me quedaba cierta perplejidad en el cuerpo cuando sonaba “Lord Have Mercy” con sonido envolvente por toda la habitación, por aquel entonces sin constipado, como si de la portada que adorna la grabación se hubiesen escapado todas las mariposas.

 

Puede que hable ñoño como un enamorado baboso, pero lo cierto es que con este álbum se me han caído todos los esquemas a los pies. Cuanto más lo escucho más extraordinario me parece. Fue esa misma sensación la que hizo patearme las calles de Madrid en su busca hasta que finalmente nos encontramos en una tienda. Lo dicho. Un flechazo. Flechazo duradero.

 

Supongo que ahora toca exponer el porqué y lo cierto es que me resulta sencillo y difícil a la vez. La personalidad  es desbordante en cualquier aspecto en que te fijes de tamaño artefacto. Para empezar es un álbum con ocho canciones. De lo más dispares en su duración, aunque con este grupo lo normal es que sean largas. Y su mérito, que se hagan cortas.

 

Su sonido bebe de muy diversas fuentes pero hay en este álbum dos personas que lo hacen muy personal. En primer lugar está Ethan Miller, personaje cuya banda principal se llaman Comets on Fire, un combo que hace una música muy complicada de escuchar y de ejecutar y que tienen un gran talento. En esta, su otra banda, su talento se multiplica, tiene una voz extraordinaria, pasional, cascada, rota, susurrante. Toca la guitarra como si hubiese nacido con una. Con ambos instrumentos tiene una variedad que asombra por esa capacidad de ir al grito cantado hasta las notas bajas más relajantes.

 

Por otro lado está un señor guardaespaldas llamado Joel Robinow cuyo grupo origen se llama Drunk Horse y del que no tengo el gusto aún. Este tipo debe tener ocho manos y cinco pies, aparte del alma más luminosa de la constelación. Es la única explicación que encuentro a esa forma tan apabullante de cubrir todos los huecos de las canciones y con estilo. Ya sea con un hammond que es gloria bendita (y no cito canciones porque es perfecto en TODAS), con los arreglos de viento (tan difíciles de introducir en una canción) o con el sencillo wurlitzer dejándose seducir.

 

El  resto de grupo está a la altura, bajistas, trompetas, saxos, etc. Pero lo cierto es que las composiciones y las letras (por momentos bastante cósmicas) creo que tienen esas dos cabezas sobresalientes que han creado lo que para mi, sin lugar a dudas y a la espera de futuras sorpresas, es mi disco del año.

 

Pero no puedo despedirme sin comentar que su primer álbum, titulado como ellos mismos Howlin Rain es también un prodigio, con un sonido más cercano al pop, al folk y a cierta distorsión bien entendida. Con menos muralla de sonido e igual de emocionante y excitante.

 

En resumen, un grupo de estos que CREA discos de los que a cada nueva escucha le encontrarás un nuevo detalle, que los detalles que ya te conoces te sonarán a nuevos y que los que no te suenen a nuevos te emocionarán como la primera vez. Es decir una joya y una obra de arte.

 

 

 

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