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Texto:
Marcos
Ripalda
Este trabajo se abre con la espectral “It’s Easier Now”. Y yo, que
no soy muy dado a fijarme en las letras, pensé que, por una vez, y
aprovechando la coyuntura de mi amiga Melissa, que es holandesa y
sabe inglés, no sería una mala idea que me esforzase un poquito y,
sobre todo, después de semejante bofetada de tristeza. No traduzco
porque, como casi siempre, el texto perdería su sex appeal:
It’s Easier Now
Behind these eyes a desert spirit
Sea serpent heart inside a sunken ship
I
finally got it
All parts wrong
I
didn’t know how long it would take to do it
Behind these eyes
Dead grey mule
Torn apart moon in an empty room
It’s easier now
And I just say I got better
It’s easier now
That I just say I got better
It’s easier when I just admit
Death comes now
And the next minute
The next minute (x2)
Behind these eyes (x5)
Sí, un prometedor
y atormentado comienzo para convertirnos, Melissa y yo, en fantasmas
de las proyecciones de cine mudo que acompañaron a Jason Molina en
la gestación de este álbum. Sí, el amigo se encerró, y no es un
decir, durante tres días, en el garaje de su casa de Bloomington
(Indiana), donde tiene instalado un estudio de grabación, y dejó
que, mientras la lluvia, que se oye de fondo en la mitad de los
cortes, empapaba hasta a los que llevaban chubasquero y paraguas, le
brotasen raíces para poder reflexionar, bien anclado en el suelo,
sobre la soledad y otras zozobras, en este combate permanente contra
el mundo que es estar vivo o sentirse vivo, según se mire. O sea:
Low en versión acústica más los quejidos de J. Tillman o Will Oldham
en crudito, ya saben. Y es que el espacio de ese garaje cobra una
presencia real, como si, partiendo de una habitación vacía, por
ejemplo, se fuese materializando, ante nuestros ojos, una cómoda acá
y, luego, una cama allá hasta completar el zulo entrañable de un
freakie solitario, amante de bolsas de plástico que el viento
agita por los aires, o de voces que, acompañadas de una
instrumentación mínima, le susurran al oído.
Jason Molina ha
hecho un disco triste, qué duda cabe, un disco no apto para felices
empedernidos. Porque con una guitarra, toques esporádicos de piano y
un poco de lluvia que repiquetea en el tejado, los felices
empedernidos sólo ven en esta clase de folk intimista o relectura de
la americana más ralentizada, un tosco muro de ladrillo y,
por eso, no se sienten con ganas de entrar en la casa, donde, por
cierto, hay velas y se está bien junto al hogar.
Muy recomendables sus anteriores trabajos al frente de la
banda Songs: Ohia y que, tras su disolución en el 2002, con el
magnífico Didn’t It Rain (Secretly Canadian), se constituyó
como The Magnolia Electric Co., que sin abandonar la sobriedad de la
anterior, endurece su sonido, a medio camino entre el country
noir y el rock.
Jason Molina,
manantial inagotable de buenas canciones, acaba de publicar una caja
con 6 compactos que dan buena cuenta de sus posibilidades como
compositor, cantante y arreglista. Pero esa es otra historia, digo,
otra reseña.
www.magnoliaelectricco.com/archives/176 |