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JASON MOLINA

Let me go let me go let me go

Secretly Canadian, 2007

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Este trabajo se abre con la espectral “It’s Easier Now”. Y yo, que no soy muy dado a fijarme en las letras, pensé que, por una vez, y aprovechando la coyuntura de mi amiga Melissa, que es holandesa y sabe inglés, no sería una mala idea que me esforzase un poquito y, sobre todo, después de semejante bofetada de tristeza. No traduzco porque, como casi siempre, el texto perdería su sex appeal:

 

 

It’s Easier Now

Behind these eyes a desert spirit

Sea serpent heart inside a sunken ship

I finally got it

All parts wrong

I didn’t know how long it would take to do it

Behind these eyes

Dead grey mule

Torn apart moon in an empty room

It’s easier now

And I just say I got better

It’s easier now

That I just say I got better

It’s easier when I just admit

Death comes now

And the next minute

The next minute (x2)

Behind these eyes (x5)

 

Sí, un prometedor y atormentado comienzo para convertirnos, Melissa y yo, en fantasmas de las proyecciones de cine mudo que acompañaron a Jason Molina en la gestación de este álbum. Sí, el amigo se encerró, y no es un decir, durante tres días, en el garaje de su casa de Bloomington (Indiana), donde tiene instalado un estudio de grabación, y dejó que, mientras la lluvia, que se oye de fondo en la mitad de los cortes, empapaba hasta a los que llevaban chubasquero y paraguas, le brotasen raíces para poder reflexionar, bien anclado en el suelo, sobre la soledad y otras zozobras, en este combate permanente contra el mundo que es estar vivo o sentirse vivo, según se mire. O sea: Low en versión acústica más los quejidos de J. Tillman o Will Oldham en crudito, ya saben. Y es que el espacio de ese garaje cobra una presencia real, como si, partiendo de una habitación vacía, por ejemplo, se fuese materializando, ante nuestros ojos, una cómoda acá y, luego, una cama allá hasta completar el zulo entrañable de un freakie solitario, amante de bolsas de plástico que el viento agita por los aires, o de voces que, acompañadas de una instrumentación mínima, le susurran al oído.

 

Jason Molina ha hecho un disco triste, qué duda cabe, un disco no apto para felices empedernidos. Porque con una guitarra, toques esporádicos de piano y un poco de lluvia que repiquetea en el tejado, los felices empedernidos sólo ven en esta clase de folk intimista o relectura de la americana más ralentizada, un tosco muro de ladrillo y, por eso, no se sienten con ganas de entrar en la casa, donde, por cierto, hay velas y se está bien junto al hogar.  

 

Muy recomendables sus anteriores trabajos al frente de la banda Songs: Ohia y que, tras su disolución en el 2002, con el magnífico Didn’t It Rain (Secretly Canadian), se constituyó como The Magnolia Electric Co., que sin abandonar la sobriedad de la anterior, endurece su sonido, a medio camino entre el country noir y el rock.

 

Jason Molina, manantial inagotable de buenas canciones, acaba de publicar una caja con 6 compactos que dan buena cuenta de sus posibilidades como compositor, cantante y arreglista. Pero esa es otra historia, digo, otra reseña.

 

www.magnoliaelectricco.com/archives/176

 

 

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