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JASON MRAZ

We sing, we dance, we steal things

Atlantic, 2008

 

Texto: Ruth Bautista

 

Una primera escucha de este disco te puede llevar a la opinión de que es una genialidad. Uno de esos objetos retros, sofisticados y agradables con los que alegrarte el día. Magnífico además si esa primera escucha la realizas en un largo viaje en coche, o en tren para los más románticos. Aires setenteros y ochenteros, sofisticados, que por momentos recuerdan a Steve Wonder, al origen de Michael Jackson o a Paul MacCartney. Una maravilla de composición (en el sentido pictórico); de un tono elegante, grácil, delicado, complejo y hasta terapéutico. De esos álbumes que te cambian el estado de ánimo. De esos artistas que tienen una varita mágica y consiguen lo imposible. Y Mraz lo hace para bien, te transforma en alguien alegre, relajado e incluso feliz durante el tiempo que dura la escucha del disco.

 

Pero cuidado, que estamos hablando de las primeras escuchas del disco. Porque este trabajo se quema rápidamente. De manera más sosegada, cuando lo escuchas en casa, sin más distracciones, de repente te encuentras pasando ciertas canciones y disfrutando de unas pocas elegidas. Con lo que el álbum muestra su fragilidad y carácter efímero. Entre esas que se siguen disfrutando destacan los duetos, especialmente el primero, “Lucky”, cantado junto a Colbie Calliat, en una de esas preciosas canciones pop, demasiado evidente, pero aun así preciosa. El que realiza junto a James Morrison es algo más flojo, enlazando sus voces hasta confundirse la una con la otra en “Details in the Fabric”, que se queda a medias en su camino, quizás porque el peso de Morrison en la canción es insuficiente. “I’m yours”, segundo tema del álbum pertenece también a las elegidas, junto con la apertura de “Make it mine”, al grito de Wake up everyone!. Como rareza, “Love for a child”, que parece escrito por Rufus Wainwright por su prepotencia, pero carente en su totalidad de la ironía que Wainwright imprime a sus letras.

 

En definitiva, un gran álbum para escuchar. Mientras dura su disfrute.

 

 

 

 

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