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Texto:
Marcos
Ripalda
Menos sombría,
más cálida. Así se muestra Jesse Sykes en su tercer álbum, una
delicia (y van…) de la americana (también alt. country,
según me han chivado), después de trabajos memorables como los de
Micah P. Hinson o Jason Molina o tan agradables como el laureado
The Greatest, de Cat Power.
Con “The Air Is Thin”,
bellísima pieza soul con influencias gospel, y “Hard
Not To Believe”, country-pop de arreglos mínimos, podemos
justificar su adquisición inmediata. Pero es que hay más, claro. Que
estas dos son las preferidas de un servidor. Porque la voz rasposa
de Jesse hace de “The Open Halls Of The Soul” una canción memorable
en cualquier disco de
Emmylou
Harris o Joni Mitchell. Y en “Station Grey”,
inspirada en El guardián entre el centeno (y van…) se viste
de femme fatale rockera, arropada por la calidad como
guitarrista del ex Whiskeytown, Phil Wandscher.
Enfrentado a Reckless Burning (2002) y Oh, My
Girl (2004), este nuevo trabajo es mucho más accesible para los
neófitos del género porque viene intoxicado por otros registros que
lo enriquecen. Jesse y su banda, a la que se ha incorporado
recientemente el batería Eric Tagle, han apostado por la
contundencia sin dejar de ser cálidos. Ay, qué estribillos…
www.jessesykes.com
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