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JOANNA NEWSOM

Ys

Drag City / Popstock, 2006

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Lo de Joanna Newson es muy fuerte. Y no por el disco que se ha marcado, claro, que cada uno hace el disco que puede o que le dejan o que cuela, que este disco es un farol, un órdago con cartas que no asustan si tienes quien te chive. Y, sin embargo, esta cantautora folk a la última, qué duda cabe, es la number one para la revista RockDeLux. Y para la web Pitchforkmedia, segunda o tercera, que prefiero no comprobarlo. El caso es que aparece en todas las listas de rigor. Y, así, de sopetón, les aseguro que no es para tanto. Más: que no es. Y no sólo por su evidente, digámoslo ya, tufo a esnob esnobísimo, que a todo hay quien gane, sino porque la bizarra Joanna, a la que no le voy a discutir la gracia y el talento de sus letras, aburre en el apartado melódico.

 

Ys, que es el segundo álbum de la cantante norteamericana tras The Milk-Eyed Mender (2004), tiene momentos complacientes, placenteros, agradables. Y es innegable que es uno de esos discos que no molestan a priori, pero que en la cola del supermercado puede hacer que empiece ese tic sospechoso. Primero en una ceja, luego que se levanta el labio y, finalmente, las noticias: Era una buena persona, saludaba a sus vecinos, No siempre, Fermín, acuérdate. No sé si me siguen, que da igual. Verán, el caso es que tiene sus momentitos, ya digo. Y hasta queda chulo ponérselo de chapa, el disco. Y lucirlo, como los buenos pelotazos. Lo que quiera que haga Joanna, los medios especializados lo denominan “folk sinfónico”, tipo Devendra Banhart más alucinado, si cabe, aunque suena como Cocorosie con cuarto y mitad de Björk abducida por los ositos grizzly de Walt Disney. Y, desgraciadamente, su escucha te hace pensar cosas de este estilo: ¿Dentro de cincuenta años será Radiohead recordado? ¿Son Sigur Ros un fraude? ¿No nos habremos precipitado con poner siempre bien a Tom Waits? Y así, hasta el infinito y más allá.

 

En cualquier caso, un servidor, aficionado a las listas antes de que nos las recordaran los de Mercedes y la clase privilegiada de siempre, la coloca primera en varias listas posibles, a saber: la de portada más freakie; la de voz más irritante (a lo Kate Bush); la de canción más larga (“Only Skin”, diecisiete minutos, y con algunos pasajes de lo mejor del disco, donde colabora Bill Callahan –Smog-, su actual pareja); y la de las colaboraciones más sonadas y menos lucidas, con Van Dyke Parks para los arreglos, Steve Albini, grabando las voces y tocando el arpa, y Jim O’Rourke como mezclador.

 

 

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