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Texto:
Ángel Muñoz
El quinto trabajo de José Ignacio Lapido, Cartografía,
y el segundo con su propio sello, es un ejercicio de fidelidad a
unos principios, de maestría en un registro y de honestidad a un
público reducido pero entusiasta.
El grupo granadino 091, del que José Ignacio fue
guitarrista, compositor y cantante, formó parte de la amplia hornada
de bandas surgidas al calor de la Movida, pero que tras una larga
carrera y el paso casi obligado por
la mítica DRO, no tuvo repercusión comercial hasta la década de los 90. En el caso
de los granadinos no fue hasta su último álbum con Zafiro, El
baile de la desesperación (con la ilustre colaboración del
Flamin’ Groovies Chris Wilson) y “La vida que mala es”, seguramente
la única canción conocida por el gran público. 091 practicaba un
pop clásico, ligero, con regustos de puro rock clásico, melodías
fáciles y estribillos pegadizos, vamos, lo que en muchos bares de
copas se mete en el horrible saco de “música española”,
radiofórmula y nostalgia de finales de los 80 y 90. Al igual que
otras bandas como Desperados, 091 manejaba con genialidad este
registro, lo “comercial” en aquella época destilaba bastante más
calidad que en decenios posteriores, y en lo que más destacaba era
en las letras, cuidadas con detalle, relatos cercanos e
introvertidos, belleza densa y oscura, que cantada por la voz nasal
y ronca de Lapido, sobresalía por encima de la mayoría de bandas
acomodadas en ese nicho de pop ligero y rock clásico.
Tras su disolución, Lapido firmó la banda sonora del
algunas películas y cortometrajes, compuso para artistas como M-Clan
o Amaral, y en su carrera en solitario, no se ha separado nunca de
este guión.
Un artista no tiene porqué innovar porque sí, tratar de
buscar nuevos registros, nuevos caminos. José Ignacio se siente
cómodo en sus letras y en sus melodías, es su universo, su obra; es
un músico sobresaliente, curtido en mil escenarios y rodeado de una
banda ilustre haciendo lo que le gusta. ¿Que no sorprende? Pues no,
y ni falta que hace, no sorprende, pero no defrauda. Y en
Cartografía nos ofrece doce nuevas canciones de melodías
suaves, y preciosas letras sobre estados de ánimo, amor, sueños
incumplidos, tristeza y soledad, ritmos clásicos que arropan a estas
letras y a estas melodías con un perfecto traje a medida. Las dos
primeras canciones, “Angulo muerto” y “Cuando el ángel decida
volver”, son sencillamente obras maestras en el género al que nos
venimos refiriendo toda la reseña, y dan paso al resto de las diez
canciones, que con altibajos, no se apartan de la línea marcada, y
dejan la nota del trabajo muy muy alta.
Fidelidad a uno mismo y honestidad son cualidades bastante
difíciles de encontrar hoy en día, y se agradece después de tantos
años ver la forma en la que se encuentran algunos artistas cono
Lapido. ¿Éxito? ¿Quién lo necesita cuando te rodea el amor de los
tuyos? Honestidad con fidelidad se paga.
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