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Texto:
Asier R.
Creo que estoy cometiendo un error, y es escribir esta
“crítica” del último disco de Lucero mientras escucho el disco. Y es
que el maldito disco te pone los pelos de punta tantas veces a lo
largo de su escucha que me será imposible ser completamente
objetivo.
Así que sin más dilación diré simplemente que si queréis un
disco en el que sumergiros una buena temporada, este es el vuestro.
De hecho la temporada tal vez se convierta en toda la vida, ya que
el disco de Lucero trata fundamentalmente de la vida de tipos como
tú o yo, pero a diferencia de nosotros, ellos la han elevado a la
altura de arte.
Creo que el acierto fundamental del disco viene por tres
caminos. Aviso, esta es la parte objetiva de la crítica:
Uno de ellos sería el de las composiciones, salidas
exclusivamente del corazón, al parecer con un sacacorchos, ya que
dejan un rastro de auténtica sangre a lo largo del deslizar del cd.
Pasión a raudales.
El cerebro lo debe poner su productor David Lowery (Cracker)
que desde mi punto de vista es el que se encarga de repartir y
apuntalar los corazones desgarrados de todos los músicos incluidos
en esta OBRA. Es lo que tiene ser perro viejo en esto del mundo de
la música.
Por último, unos pianos, órganos, acordeón… a cargo de Rick
Steff que hacen que el disco se eleve de ser un grandísimo LP a una
obra rebosante de altibajos (emocionales) y sensaciones sin final.
Él hace llegar estas canciones todavía más alto. Lo podéis encontrar
a lo largo de todo el disco, pero mi ejemplo más claro sería el
arrollador (hasta el borde del llanto) solo de órgano de “I Don´t
Wanna Be the One”
Y ahora viene la parte más subjetiva. No me puedo creer (o
si) que en la era de las prisas y de las tarrinas repletas de música
y cds, un disco como este, tan sencillo, se haya venido a instalar
tan permanentemente desde hace un mes en mi minicadena. Es
apasionante porque a pesar de ser música de toda la vida, tal vez no
especialmente original, desborda sentimientos casi, casi en cada
segundo de música. Desgarrador por las pequeñas historias que
cuenta, te das cuenta de que, aunque desearías que las canciones
durasen horas, tienen el minutaje justo, para sentir en cada una de
ellas ese toque que provoca el que las canciones te hagan despegar o
te vuelen la cabeza, casi literalmente hablando.
Directamente salidas de la barra de un bar, donde estás
pensando que acabas de “perder a Amy” como diría Kevin Smith,
siempre quedará un toque de esperanza, aunque sea, dando una vuelta
de tuerca, en el fondo de una botella. De esto tratan las canciones
y a esto te lleva la música de un grupo joven pero ya veterano
(¡cinco discos!).
Desgarrador y
arrollador, creo que merecen toda la suerte del mundo. Se lo han
ganado con este trozo de arte crudo y bellísimo. |