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MARK PICKEREL & HIS PRAYING HANDS

Cody's Dream

Bloodshot Records, 2008

 

Texto: Asier R.

 

Finalizo aquí mi brevísimo repaso a dos discos cuya poca repercusión me ha sorprendido. Ya he comentado el bellísimo disco de Kristin Hersh, y ahora me dispongo a escribir sobre el que fuera, en tiempos, batería de Screaming Trees, hasta bien avanzada su trayectoria musical, tras la cual pasó a formar parte del grupo de culto de la era grunge llamado Truly. En cualquier caso, prefiero centrarme en su presente como artista en solitario.

 

Hace tiempo me sorprendí cuando apareció su anterior álbum, una maravilla llamada Snake in the Radio. Me sorprendí preguntándome: ¿dónde había estado escondido este tipo? Y es que debo decir que en un primer momento quedé atontado por esa voz tan peculiar. ¡Qué grado de dramatismo! ¡Qué provecho sacaba de ella! No tengo ni idea si el haberse codeado con vocalistas como Mark Lanegan o Neko Case le ha hecho aprender lecciones en la sombra que solamente ha puesto en práctica cuando ha considerado que ha llegado su momento. En cualquier caso, se puede decir que ha surgido con una personalidad fuerte que marca el sendero de sus discos.

 

Del anterior álbum me desharía en elogios, lo que conllevaría extenderme demasiado, de modo que tratemos esta segunda grabación como lo que es, un paso hacia delante y más complicado de hacer música. Más laberíntico y por momentos ambiental que su predecesor, me quedaría corto al encontrar en él un disco de folk y rock habitual porque está muy lejos (aunque tan cerca) de ello. Tal vez los arrebatos más garageros y crudos han dado paso en este álbum a unas guitarras que sin perder fuerza , que la tienen y mucho, se entrelazan con el resto de instrumentos acoplándose de forma magnífica unos con otros.

 

Esto hace que el disco suene menos inmediato que su predecesor, menos intenso pero más agradecido si lo que se busca es perderse en esos ambientes y texturas que se consiguen en ciertos discos. Es decir, sin perder el toque polvoriento (y con esto me refiero a terrenal) parece que por momentos ha clavado sus garras en música más cercana a la pasada década de los ochenta, tal y como, a pesar de estar alejados, ocurría con 16 Horsepower y su querencia por grupos siniestros del estilo gótico de aquella época.

 

Es por esto que sorprende encontrarse con una canción que resume estas sensaciones, llamada “One More Cup of Coffee” y posteriormente encontrar una mezcla de saloon del lejano oeste y rock de los cincuenta que es “Leaving with the Swamptones”. Más difícil todavía, pasamos a “Cherokee Grove” y nos encontramos con una canción que mezclaría a The Byrds con The Beach Boys con toda la gloria del mundo musical.

 

Espero que no suene a batiburrillo porque, en la práctica, Mark Pickerel nos demuestra que tal cantidad de influencias conforman un todo personal posible debido a esa visión y fuerza musical tan auténtica que he comentado antes y que le permite sonar a él mismo. Se nota que su época son los años cincuenta, pero vive unas cuantas décadas por delante y ha vivido mucha música. Suena actual y añejo. También complejo pero fácil de escuchar y evocador. El verse rodeado de su grupo, Praying Hands, por segunda vez me hace pensar que esta evolución es posible por esa compenetración que se percibe en el disco por muchas razones pero la principal de ellas sería la confluencia de todas esas influencias que, como fichas de puzzle, se ensamblan entre ellas para crear esa figura, ese cuadro que convence y que se ha logrado formar a través de las distintas visiones de todos los músicos participantes.

 

Tal vez, deberíamos comentar para interpretar el disco a la manera de Mark Pickerel, que este surge de sus viajes por los caminos del este de EEUU, tal y como muestra en la portada y contraportada del CD y tal vez sean estos viajes por una tierra que debe ser tan diferente a lo largo de su extensión como complementaria, la que conforma una grabación reflejo de una tierra vista por su viajero Cody (¿alter ego de Mark Pickerel?). O tal vez sean las experiencias que siempre conlleva un viaje. En cualquier caso, también a ese nivel de romanticismo que conlleva siempre EL VIAJE, nos lleva el vocalista a su terreno.

 

Un disco para escuchar con mucha, mucha atención y no perder detalle.

 

 

 

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