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Texto:
Asier R.
Finalizo aquí mi brevísimo repaso a dos discos cuya poca
repercusión me ha sorprendido. Ya he comentado el bellísimo disco de
Kristin Hersh, y ahora me
dispongo a escribir sobre el que fuera, en tiempos, batería de
Screaming Trees, hasta bien
avanzada su trayectoria musical, tras la cual pasó a formar parte
del grupo de culto de la era grunge llamado
Truly. En cualquier caso,
prefiero centrarme en su presente como artista en solitario.
Hace tiempo me sorprendí cuando apareció su anterior álbum,
una maravilla llamada Snake in the Radio.
Me sorprendí preguntándome: ¿dónde había estado escondido este tipo?
Y es que debo decir que en un primer momento quedé atontado por esa
voz tan peculiar. ¡Qué grado de dramatismo! ¡Qué provecho sacaba de
ella! No tengo ni idea si el haberse codeado con vocalistas como
Mark Lanegan
o Neko Case le ha hecho aprender
lecciones en la sombra que solamente ha puesto en práctica cuando ha
considerado que ha llegado su momento. En cualquier caso, se puede
decir que ha surgido con una personalidad fuerte que marca el
sendero de sus discos.
Del anterior álbum me desharía en elogios, lo que
conllevaría extenderme demasiado, de modo que tratemos esta segunda
grabación como lo que es, un paso hacia delante y más complicado de
hacer música. Más laberíntico y por momentos ambiental que su
predecesor, me quedaría corto al encontrar en él un disco de folk y
rock habitual porque está muy lejos (aunque tan cerca) de ello. Tal
vez los arrebatos más garageros y crudos han dado paso en
este álbum a unas guitarras que sin perder fuerza , que la tienen y
mucho, se entrelazan con el resto de instrumentos acoplándose de
forma magnífica unos con otros.
Esto hace que el disco suene menos inmediato que su
predecesor, menos intenso pero más agradecido si lo que se busca es
perderse en esos ambientes y texturas que se consiguen en ciertos
discos. Es decir, sin perder el toque polvoriento (y con esto me
refiero a terrenal) parece que por momentos ha clavado sus garras en
música más cercana a la pasada década de los ochenta, tal y como, a
pesar de estar alejados, ocurría con 16
Horsepower y su querencia por grupos siniestros del
estilo gótico de aquella época.
Es por esto que sorprende encontrarse con una canción que
resume estas sensaciones, llamada “One More Cup of Coffee” y
posteriormente encontrar una mezcla de saloon del lejano
oeste y rock de los cincuenta que es “Leaving with the Swamptones”.
Más difícil todavía, pasamos a “Cherokee Grove” y nos encontramos
con una canción que mezclaría a The Byrds
con The Beach Boys con
toda la gloria del mundo musical.
Espero que no suene a batiburrillo porque, en la práctica,
Mark Pickerel nos demuestra que
tal cantidad de influencias conforman un todo personal posible
debido a esa visión y fuerza musical tan auténtica que he comentado
antes y que le permite sonar a él mismo. Se nota que su época son
los años cincuenta, pero vive unas cuantas décadas por delante y ha
vivido mucha música. Suena actual y añejo. También complejo pero
fácil de escuchar y evocador. El verse rodeado de su grupo,
Praying Hands, por segunda vez
me hace pensar que esta evolución es posible por esa compenetración
que se percibe en el disco por muchas razones pero la principal de
ellas sería la confluencia de todas esas influencias que, como
fichas de puzzle, se ensamblan entre ellas para crear esa figura,
ese cuadro que convence y que se ha logrado formar a través de las
distintas visiones de todos los músicos participantes.
Tal vez, deberíamos comentar para interpretar el disco a la
manera de Mark Pickerel, que este surge de sus viajes por los
caminos del este de EEUU, tal y como muestra en la portada y
contraportada del CD y tal vez sean estos viajes por una tierra que
debe ser tan diferente a lo largo de su extensión como
complementaria, la que conforma una grabación reflejo de una tierra
vista por su viajero Cody (¿alter ego de Mark Pickerel?). O tal vez
sean las experiencias que siempre conlleva un viaje. En cualquier
caso, también a ese nivel de romanticismo que conlleva siempre EL
VIAJE, nos lleva el vocalista a su terreno.
Un disco para escuchar con mucha, mucha atención y no
perder detalle.
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