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Texto:
Marcos
Ripalda
Haberse jodido la espalda le vino muy bien a este
jovencísimo autor de americana. Y es que estar tumbado le hizo
pensar mucho en las atmósferas que tendrían sus nuevas canciones. De
hecho, según el propio artista, en declaraciones a la revista
RockDeLux, apuntaba lo siguiente: “Cuando escuché las maquetas, supe
que si intentaba grabar los temas de nuevo no tendrían el mismo
sonido ni la misma carga emocional”. Ni el mismo dolor, por
supuesto.
Ya en su anterior trabajo largo, Micah P. Hinson And The
Gospel Of Progress, entregó tres y hasta cuatro canciones
espléndidas. El álbum que nos atañe, en principio mas lineal,
aburrido y monocorde, es un trabajo que, a falta de más escuchas, y
ya llevo nueve, me parece superior en conjunto, pero sin canciones
excepcionales como “Stand In My Way” o “As You Can See”. He de
reconocer, sin embargo, que la gran virtud de Hinson es parecerse a
los buenos vinos. Su voz añeja nos envuelve con murmullos folk y
alientos de soul. “Drift Off To Sleep”, con el chelo meciendo su
voz, “Little Boys Dream”, con esos violines de postal navideña y
chimenea en el hogar, y “Don’t Leave Me Now”, la hermosa balada
fúnebre que culmina el disco, nos acercan también a la música
clásica.
Micah P. Hinson And The Opera Circuit
es grande. Mucho.
www.micahphinson.com |