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MICAH P HINSON

Micah P. Hinson and the red empire orchestra

Houston Party, 2008

 

Texto: Marcos Ripalda

 

El último trabajo de Micah P. Hinson, que ahora se hace acompañar (sic) de lo que él mismo ha bautizado como la Orquesta del Imperio Rojo, demuestra, una vez más, que el muchacho cantar sabe, a pesar de lo visto/oído en sus conciertos de Madrid, y que, además, su voz es perfectamente reconocible, como lo es la de Leonard Cohen o Tom Waits. Sin embargo, en el nivel compositivo-musical estimo que se ha conformado (o no dio para más, que ocurre también) con hacer un disco de piloto automático, de autoplagios ególatras. Eso sí, de calidad muy inferior, como pasa con los polos Lacoste piratas, que pierden el cocodrilo en la primera lavada o, con suerte, en el primer revolcón. O sea, que Micah defrauda a medias, claro, que el disco aprueba, pero en comparación con sus predecesores, convendría ir pensando en sufragarle unas vacaciones (o una segunda luna de miel, ahora que es un hombre felizmente casado) o, por qué no, darle un uppercut de los buenos con el fin de remover tripas y cerebro. Sea como sea, voto por mantenerlo en período de hibernación para que, con renovadas fuerzas, y no tanta prisa, nos deleite con su mejor álbum.

 

Micah, arropado de una sección clásica o, al menos, de un piano y algún violín y/o violonchelo, empapa su voz de bourbon (es un decir) y patina visiblemente tras el sensacional trabajo firmado con la Opera Circuit y un excelente debut con The Gospel of Progress. Tampoco es para enterrarle, claro, aunque, ya digo, lo visto/oído en su última gira para cualquier neófito ajeno a la Cerumen Age lo hubiera relegado al (más que justo) olvido. El cantante norteamericano ha manufacturado una mediocridad con puntuales canciones que se acercan al bien alto, que era como evaluaban al menda en el instituto cuando en un brote de genialidad o de chamba conseguía estampar una bonito párrafo salvador in extremis por gracia y obra de la Musa que, por aquel entonces, se corporeizaba, y sólo a veces, en una lagarta de cuidado que a mi madre nunca le gustó, qué razón tuvo.

 

Sospecho que ahora que Micah es un personaje “in” a ningún crítico se le ocurrirá juguetear con el lenguaje y construir frases que parezcan sentencias, a saber: “A mayor complejidad en el título del álbum, mayor es el trompazo”. Lo que por supuesto no quita que el tortazo se maquille con los adjetivos de moda para el artista de moda de turno de la semana de moda del mes de moda entrante oh yeah cómo me gusta el verano.

 

 

 

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