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Texto:
Marcos
Ripalda
El último trabajo de Micah P. Hinson, que ahora se hace acompañar
(sic) de lo que él mismo ha bautizado como la Orquesta del Imperio
Rojo, demuestra, una vez más, que el muchacho cantar sabe, a pesar
de lo visto/oído en sus conciertos de Madrid, y que, además, su voz
es perfectamente reconocible, como lo es la de Leonard Cohen o Tom
Waits. Sin embargo, en el nivel compositivo-musical estimo que se ha
conformado (o no dio para más, que ocurre también) con hacer un
disco de piloto automático, de autoplagios ególatras. Eso sí, de
calidad muy inferior, como pasa con los polos Lacoste piratas, que
pierden el cocodrilo en la primera lavada o, con suerte, en el
primer revolcón. O sea, que Micah defrauda a medias, claro, que el
disco aprueba, pero en comparación con sus predecesores, convendría
ir pensando en sufragarle unas vacaciones (o una segunda luna de
miel, ahora que es un hombre felizmente casado) o, por qué no, darle
un uppercut de los buenos con el fin de remover tripas y
cerebro. Sea como sea, voto por mantenerlo en período de hibernación
para que, con renovadas fuerzas, y no tanta prisa, nos deleite con
su mejor álbum.
Micah, arropado de una sección clásica o, al menos, de un piano y
algún violín y/o violonchelo, empapa su voz de bourbon (es un decir)
y patina visiblemente tras el sensacional trabajo firmado con la
Opera Circuit y un excelente debut con The Gospel of Progress.
Tampoco es para enterrarle, claro, aunque, ya digo, lo visto/oído en
su última gira para cualquier neófito ajeno a la Cerumen Age
lo hubiera relegado al (más que justo) olvido. El cantante
norteamericano ha manufacturado una mediocridad con puntuales
canciones que se acercan al bien alto, que era como evaluaban al
menda en el instituto cuando en un brote de genialidad o de chamba
conseguía estampar una bonito párrafo salvador in extremis
por gracia y obra de la Musa que, por aquel entonces, se
corporeizaba, y sólo a veces, en una lagarta de cuidado que a mi
madre nunca le gustó, qué razón tuvo.
Sospecho que ahora que Micah es un personaje “in” a ningún crítico
se le ocurrirá juguetear con el lenguaje y construir frases que
parezcan sentencias, a saber: “A mayor complejidad en el título del
álbum, mayor es el trompazo”. Lo que por supuesto no quita que el
tortazo se maquille con los adjetivos de moda para el artista de
moda de turno de la semana de moda del mes de moda entrante oh yeah
cómo me gusta el verano.
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