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Texto:
Ángel Muñoz
Qué bien envejecen algunos. En esta época de resurrección
de todas las viejas glorias del rock en la que han paseado el
palmito por todos los escenarios estivales desde Bob Dylan a los Sex
Pistols y desde Morrissey a Leonard Cohen, Mr. Paul Weller se nos
descuelga con trabajo nuevo, que eso si que es una auténtica
novedad, él no sólo toca, sino que sigue plenamente vigente, en
activo y componiendo. Tan bien envejece que hasta estrena línea de
ropa con Fred Perry, todo un ícono.
El disco es cuando menos difícil, denso, largo, y genial.
21 canciones nada menos, un ejercicio completamente personal, algo
que tan solo gente como Paul puede permitirse, por encima de la
industria, de los gustos y las modas.
El héroe de la Inglaterra obrera y punta de lanza de
la New Wave se rodea de colaboraciones cuando menos variopintas, pero efectivas,
ilustres como Aziz Ibrahim o Gram. Coxon, y otras tributarias de su
figura como el propio Noel Gallagher.
Como he dicho el disco es denso, largo y difícil, pero para
mi gusto una obra cumbre en la obra de Weller. Hay para todos los
gustos, destacan, cómo no, canciones puramente Jam, rock del bueno,
intenso, con oficio, con calidad y carácter, como “22 Dreams”, “Push
it along” o “Why you walk when you can run”: buenísimas!!!. Deja
regustos ochentenos y de la new wave en “All I wanna do (is best
with you)”, y maneja con maestría las claves de un pop ligero y
efectivo en “Cold moments” hasta llegar a la preciosa, emocionante
balada “Sea Spray”. Todo esto ya justificaría el disco, cada una de
las canciones que he mencionado me parece una joya, un diamante en
su estilo, una muestra del oficio de Paul Weller, que
futbolísticamente hablando, podría jugar en cualquier posición.
Pero en un disco tan largo es normal que hasta Paul Weller
naufrague en bastantes canciones, dignas de alabanza en la medida
que demuestran la curiosidad y las ganas de hacer cosas distintas de
un músico que podría perfectamente vivir de su obra y su legado. En
“Empty ring” e “Invisible”, así como en “Black river” se atreve con
unas melodías lentas, que llegan a ser realmente, no bonitas, sino
aburridísimas, y que tan sólo las salva su voz dejando en el
contexto un recuerdo crooner que no le encaja. Y desde luego las
rarísimas, marcianas e inclasificables “111”
y “Song for Alice”; aquí podríamos argumentar la inquietud del
músico, su curiosidad, su genio… o simplemente decir que se le ha
ido la olla y puede permitírselo, muros rítmicos que de tan espesos
se cortan, piruetas electrónicas… espero que no las toque en directo
porque pueden ser mortales de necesidad.
Resumiendo, realmente impresionante la energía que Paul
Weller ha impreso en este disco, 21 canciones de las que se salvan
con nota al menos la mitad, y con nota alta, piezas de rock
realmente espectaculares, melodías preciosas en las lentas, oficio y
carácter. Olvidémonos de las mediocres y recordemos cómo una leyenda
puede seguir creando maravillas, y demostrarlo en un escenario como
si fuera el primer día. Los viejos rockeros nunca mueren… o eso
dicen.
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