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Texto:
Ruth Bautista
Seamos francos: Release the stars es un disco flojo,
que queda lejos de cualquiera de los trabajos anteriores de
Rufus Wainwright. Si bien intenta continuar en la senda creada
por los dos últimos, Want 1 y Want 2, restándoles
a éstos teatralidad y alegría, los nuevos temas pierden fuerza
rápidamente. Tan solo un pequeño puñado de ellos sobrevive y
consigue mantener el interés, estratégicamente ordenados al
principio, con lo que la escucha del disco eventualmente llega a
fin con éxito, pero por pura inercia.
Como si Rufus previera esta reacción, consciente como
probablemente es de las limitaciones del álbum, de antemano se
excusa, abriendo con las siguientes líneas: “Do I disappoint
you For just being human”. Y no, no decepciona en temas como
“Do I disappoint you?”, “Going to a town” (primer y gran single
del álbum), “Nobody’s off the hook”, “Between my legs” (un mix
entre los ritmos de “California” y la sorna de “Vibrate”) y “Not
ready to love”. Solo mediocres son “Rules and Regulations” y “Slideshow”,
pasables. Pero Release the stars tiene un problema serio
con el resto de canciones, que no funcionan. “Tiegarten” es
tremendamente aburrida, “Tulsa” se pasa de instrumentación en
una letra tan banal, “Sanssouci” por el contrario muere en su
simpleza. Y con la lúgubre “Leaving for Paris No.2” no termino
de decidirme entre dos opciones: si debería haberla dejado
totalmente instrumental o si hubiera sido mejor cantarla a
capela. Pero lo que está claro es que voz y música no encajan en
esencia, en el espíritu de la canción. Para concluir, Rufus se
sacude el polvo de la solapa e intenta renacer con el tema que
da título al disco, “Release the stars”, con un aire cabaretero
muy en su onda y poco arriesgado. Aunque al menos nos permite
recuperar algo de la alegría que nos suele transmitir Mr.
Wainwright y que en todo el disco es difícil de encontrar.
En su última visita a Madrid presentando este trabajo
pudimos entrever que no funciona en directo como nos tiene
acostumbrados. Sin embargo, quedó bien patente que tenemos Rufus
para largo, con sus lógicos altibajos. Da la impresión de que su
mejor trabajo está aun por llegar y que probablemente no ocurra
pronto. La figura del canadiense encaja perfectamente en la
imagen de un crooner entradito en años, de ego desbordado
y espectáculo de diva, y no fue difícil imaginarle en el papel
del último Morrisey que vimos hace unos tres años en la gira de
su disco You are the Quarry. Por cierto, ¡larga vida a
las grandes divas!
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