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Texto:
Marcos
Ripalda
A ver. Este disco, qué duda cabe, suena agradable. Sin
embargo, a pesar de contener un par de joyitas, “Everybody Knows” y
“Two”, se da de morros cuando debería iniciar el despegue. Easy
Tiger se va apagando conforme se suceden las canciones y ni
siquiera “Two”, penúltimo corte del disco, evita lo que ya
suponíamos. Claro que ya te vale, Ryan, que sacas una media de dos
álbumes por año, y no se puede estar siempre arriba. De hecho,
ninguno de sus trabajos es redondo. Eso sí, un recopilatorio con sus
mejores temas, y tiene muchos, sería una verdadera delicia. En este
sentido, le ocurre lo mismo que a su compatriota Ron Sexsmith, que
te clava un par de guindas en cada nueva entrega de su también
prolífica trayectoria, pero, en conjunto, ya saben, pichí pichá. En
cualquier caso, Ryan Adams hace una espléndida americana.
Para quien le guste el género, claro. Más que suficiente. Y deja
claro quienes han influido en su noveno trabajo de estudio: Neil
Young (en su vertiente acústica), Springsteen (viajando con su
armónica por los parajes desérticos de Nebraska) y Hank Williams
(country de garito con rubia de bote). Amén.
Para la grabación
de Easy Tiger, el músico se ha reunido con la banda The Cardinals,
como ya hizo en Cold Roses (2005). Neal Casal y Sheryl Crow
colaboran como secundarios de lujo, aunque parece que sólo
estuvieran mirando. Al igual que en anteriores trabajos, como el
introspectivo y desigual Love Is Hell (2004) y Gold
(2001), su mejor trabajo hasta la fecha, se alternan medios tiempos
rockeros con baladas quejumbrosas.
www.ryan-adams.com
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