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Texto:
Marcos
Ripalda
Eres un
payaso, Sr. Chinarro. Y esto que bien podría ser un insulto, no lo
es. Porque el personaje se las trae. Vamos, que hay que cogerlo con
pinzas, que dicen por mi tierra y por la suya muy similar, ojito.
Mira que lo he intentado, de verdad, que con las reseñas tan
favorables, con los dos números uno consecutivos en el RockdeLux,
claro, que a ver si me estoy equivocando y va a ser que hay algo más
bajo ese tono monocorde, pero nada, bueno, nada, no, pero poco,
poquito, alguna letra graciosa, algún ritmillo aparente, y fuera de
esto, ya digo, ná. Porque ni canta bien ni las letras son para
ponerle velas a la virgen, que para letras Sabina, por mucho chalé
de lujo y parné que tenga, que a burgueses aspiramos todos y tonto
el último, anda que no te veas cómo correría éste, qué no. Total,
que gambas frescas aquí no hay. Pescaíto bueno vaya usted a otro
lado, que compararlo con el Morrisey o con el líder de The Cure (que
las comparaciones, intuyo, las hará él primero, que grupos pueden
influirte miles, pero le resbalan por el neopreno del traje, es un
decir) es como comparar a Bisbal con Mozart, fíjate tú. Y no me bajo
del burro, no, que este tío no me la da. Será muy moderno que te
guste el Chinarro pero yo no le veo la gracia. Y, tal vez, porque
uno no quiere pecar de listo, sea que yo no le alcanzo, que me quedo
en la superficie, que a lo mejor tengo que nadar un poco más y me
pasa como con Dylan (sorry), que sí que es un genio, y qué letras,
pero canta de pena, y además tampoco voy a estar con el libro de
letras pa-rriba-y-pa-bajo, ya me entienden, a este Chinarro, que me
lo pone más fácil, que le entiendo lo que dice pero no lo que me
quiere decir, no sé si me explico, debería darle una oportunidad. O
sea: que no.
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