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Texto:
Ruth Bautista
Me preguntaba el otro día si se podía hacer un disco de
música cargante, saturado, casi barroco, sin caer en la
vulgaridad. El Lost Souls de Doves me dio la respuesta.
Sí, se puede. Se puede incluso darle un aire elevado,
aristocrático y frío. O el Neon Bible de Arcade Fire, más
mundanal y cotidiano, cálido, y sin embargo de suma elegancia.
Pero The Killers no han hecho ni una cosa ni la otra en su
segundo trabajo, Sam’s Town. Han apostado por el
recargamiento al estilo Muse con una pizca de ironía y ligereza.
Leo por ahí que son de Las Vegas y que el vocalista se
llama Brandon Flowers. Lo cual es posible que explique en gran
medida su planteamiento musical. Y es que ser de la ciudad de
las fachadas falsas, de imitación, ha de marcar.
Sam's Town
es un refrito monumental de letras a lo Springsteen, de manera
burda (aunque abiertamente reconocida por el propio Flowers) y
música de mil grupos, muchos británicos (sorprendente) y una voz
que imita a varios, sobre todo a Robert Smith. Con todo, el
refrito les sale grasiento, y por ello sabroso, mucho.
Especialmente porque no aspiran a ser alta cocina. Y tener claro
el planteamiento inicial ayuda a que el plato no desentone en el
menú. Para comer con los dedos.
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