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Texto:
Marcos
Ripalda
Debo contenerme. Lo que me sale, así de primeras, es decir que este
disco es una delicia de chamber pop. Y lo es, por supuesto.
Que un nuevo trabajo de este grupo inglés, reducido ahora a trío,
cuyos arreglos orquestales me fascinan y me atan a un mundo mejor,
siempre es una apuesta segura. Porque Tindersticks pueden presumir
de no haber firmado ningún disco mediocre desde su excelente debut,
The First Album Of Tindersticks (1993). Canta Stuart A.
Staples, que vuelve al redil, alabado sea, tras sus coqueteos como
solista y dos trabajos muy decentes, con su melodramático registro
de barítono que revela tragedias de alcoba. Y, sí, el sonido se ha
endulzado, cosa que ya ocurría en su anterior álbum, el notable
Waiting For The Moon (2003). Nada que temer. Porque The
Hungry Saw, el más homogéneo, positivo y equilibrado de sus
trabajos no defraudará a sus fieles y constituye un excelente punto
de partida para cazadores de tesoros que deseen abandonar la liana
de la mediocridad.
Abre con un tema instrumental muy parecido al que cierra el EP
Travelling Light (1995). Le sigue “Yesterday’s Tomorrow”, balada
pop exquisita con arreglos mínimos de cuerdas. El tercer tema,
“Flicker Of A Little Girl”, que ha sido el elegido como
single-aperitivo, pone pinceladas de color, y el cuarto, “Come Feel
The Sun”, nos entrega a los Tindersticks de otros momentos
insuperables como “Tiny Tears” o “Another Night In”; sin duda, la
cima del disco. Pegamos un saltito hasta el octavo corte, “The
Hungry Saw”, un autoplagio de la animada “Can We Start Again”, de su
álbum Simple Pleasure (1999). Bajan el telón con “Turns We
Took”, cuyos sugerentes coros me hacen soñar con balnearios y
cómodas tumbonas frente al océano.
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