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VETUSTA MORLA

Un día en el mundo

Pequeño salto mortal, 2008

 

Texto: Ruth Bautista

 

Se intuye la mano de un gran domador en Un día en el mundo. En este caso dos, Manuel Colmenero y Javibu Carreterro, productores de un álbum que recoge y reinterpreta la trayectoria musical de la banda a lo largo de su casi década de existencia en el subsuelo de lo invisible.

 

Cuales leones en un estado de fiereza desatada, no debe haber sido fácil para los chicos de Vetusta Morla presentar un trabajo tan perfectamente contenido, casi encorsetado, con unos hilos a punto de estallar. La energía se escapa en cada una de las puntadas, y sin embargo, la tela, tirante, no se rompe, permitiendo un juego de tensiones, de agitación y excitación, tremendamente atractivo, casi vicioso.

 

Perlas como “Copenhague” sintetizan el valor de Un día en el mundo, la magnífica voz de Pucho, que en esta ocasión brilla con delicadeza, sin cargar, la melodía perfectamente conseguida con la fuerza de las guitarras y una batería adictiva y concluye con unos arreglos que superan el riesgo al que se enfrentaban de parecer pretenciosos y superficiales.

 

Muchos grupos han retornado sin pudor al castellano tras iniciar sus carreras en inglés, desde Sidonie, a Deluxe, pasando por Second, mientras otros, como Lori Meyers, en otro punto en común con los chicos que nos ocupan, nunca han aspirado al inglés, por pura humildad y honestidad. En este caso, Vetusta Morla se encuentran aún algo más al extremo, al conseguir un sonido perfectamente elegante y un dominio del idioma superior al de todos los demás, especialmente por la sonoridad de las letras, con cadenas de sílabas que por sí solas cantan, como si de una novela de Cela se tratara.

 

Posiblemente hay un par de temas que no brillan como “Copenhague”, “Al respirar”, “Autocrítica” o “Sálvese quien pueda”, “Valiente”, “Un día en el mundo”, “La marea”… Pero a quién le importan, cuando a la hora de destacar las canciones de este trabajo una no sabe dónde parar.

 

Y qué más se puede pedir, más que un pequeño recuerdo a la Vetusta Morla, la vieja y cansada tortuga de La Historia Interminable, de Michael Ende. Un juguetón guiño a todos los Bastian del mundo.

 

 

 

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