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Texto:
Juan Aguado
Fotos:
www.coldplay.com
Antes de nada
quiero dejar bien claro que lamento profundamente no ser un fan
acérrimo de los muchachos de Chris Martin. Eso no quiere decir que
no me haya empapado de sus composiciones y que los haya visto no
pocas veces ya, pero esa distancia que voluntariamente tomo respecto
a este grupo me impidió vivir uno de esos momentos épicos y míticos
según la extensa mayoría de la audiencia del Palacio de los
Deportes, sinceramente esa experiencia colectiva tuve que
perdérmela.
En los
alrededores los precios en la reventa oscilaban entre los sesenta y
cien euros para la entrada de general, lo cual sirve para darnos una
idea de la atmósfera de "grupo grande" que rodeaba la visita de
Coldplay esta vez. La máquina de promoción del último trabajo había
funcionado a la perfección y ha logrado que esta vez se aproximen
hasta sus conciertos, aparte de la columna de fieles seguidores, una
mezcolanza de personas que no tenían constancia de la existencia de
este grupo hace apenas seis meses. Coldplay están pasando ahora
mismo la línea inexistente que separa los grupos con una cierta
entidad con unos deberes bien hechos y que empiezan a dar frutos de
los meros "fenómenos fan" que arrastran multitudes y queman el papel
puesto a la venta a cada visita. Esta claro que ésta actitud no es
ni mejor ni peor para la puesta en directo, pero me hace ver esta
visita con otros ojos, ¿más escéptico quizás?
Está claro que
no hay que pedir peras al olmo, por lo que no me esperaba mucho más
de Coldplay que lo que me aportaron en la última visita en los que
tuve ocasión de verlos, en la sala La Riviera. Otro handicap sin
duda es la vacuidad continuista en la fórmula ya aprendida de X&Y,
lo que hacía que esta gira fuera para mí simplemente "otra muesca
más". Sin duda, mis presentimientos se cumplieron a la perfección,
más de lo mismo sólo que esta vez más alto, más grande y con una
derroche visual que no se les había visto hasta la fecha.
Con un
escenario de dimensiones más que aceptables para los separados entre
ellos cuatro componentes, la actuación empezó con "Square One", con
un Chris Martin que tras un acrobático salto empezó a corretear de
acá para allá. La marca de la casa es que el resto de la banda
permanezca totalmente estática y sea Chris el que no pare de
moverse, y más ahora que puede permitirse el gustazo de recorrer
decenas de metros de un lado a otro del escenario, pasarelas
incluidas. La interpretación prematura de dos de sus mejores temas
como son "Politik" y "Yellow" me hacía presagiar una quema de
cartuchos precipitada, pero en este caso daba igual, pues salir a
tocar con todo el pescado vendido es tan fácil que ni siquiera hay
que preocuparse en mantener una correcta vocalización, que para eso
está el karaoke colectivo. Ya no hay sorpresa, esta gira se ha
convertido en la pérdida de la frescura y la espontaneidad que
pudimos descubrir en el escenario grande de Glastonbury del año
2002, abrazando tópicos demasiado manidos como es el abuso del "oeoe"
o la inclusión pachanguera del estribillo de "Yellow Submarine", que
para algo son británicos. Eso sí, todo esto ocurre a tiempo real con
comentarios de un publico entregado.
En una gran
pantalla curvada a sus espaldas (¿les suena la idea de algo?) se
sucedían imágenes a tiempo real de los componentes con los colores
distorsionados generalmente centradas en la figura del que llevaba
la voz cantante. La esterilidad de "Speed Of Sound" dió paso a otros
temas con mucho más punch como son "God Put A Smile Upon Your Face"
y la calidez de "Trouble". Parecía que la receta estaba bien clara,
ir desgranando poco a poco el último trabajo, lo cual era de
agradecer con una mayoría de temas más elaborados de sus dos
anteriores discos. "The Scientist" y la vuelta al karaoke masivo fue
el punto de inflexión hacia una parte acústica con los cuatro
componentes juntos en la parte delantera del escenario (¿esta otra
idea les sigue sonando de algo?) en la que interpretaron el único
tema realmente destacable de su último trabajo, el oculto "Til
Kingdom Come" y "Green Eyes" con armónica a la luz intima de tres
gigantescos focos fresnel a sus espaldas. La interpretación de
“Clocks” delante de unas imágenes psicodélicas de fractales nos
trajo de nuevo a la dinámica normal del concierto, seguida de “Talk”
con la que dejaban el escenario después de una hora y veinte
minutos.
Un Martin sólo
al piano sería el protagonista absoluto de la vuelta al escenario
con “Swallowed In The Sea” con proyecciones por todo el frontal del
Palacio de los bocetos de la letra de la canción. “In My Place” con
el uso y disfrute de las pasarelas arriba y abajo hasta el primer
anfiteatro y “Fix You” y el juego de la bombillita dieron fin a una
actuación que se puede destacar dentro del fenómeno social más que
estrictamente musical.
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