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COLDPLAY

Madrid, Palacio de los Deportes

22 de noviembre de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Juan Aguado

Fotos: www.coldplay.com

 

Antes de nada quiero dejar bien claro que lamento profundamente no ser un fan acérrimo de los muchachos de Chris Martin. Eso no quiere decir que no me haya empapado de sus composiciones y que los haya visto no pocas veces ya, pero esa distancia que voluntariamente tomo respecto a este grupo me impidió vivir uno de esos momentos épicos y míticos según la extensa mayoría de la audiencia del Palacio de los Deportes, sinceramente esa experiencia colectiva tuve que perdérmela.

 

En los alrededores los precios en la reventa oscilaban entre los sesenta y cien euros para la entrada de general, lo cual sirve para darnos una idea de la atmósfera de "grupo grande" que rodeaba la visita de Coldplay esta vez. La máquina de promoción del último trabajo había funcionado a la perfección y ha logrado que esta vez se aproximen hasta sus conciertos, aparte de la columna de fieles seguidores, una mezcolanza de personas que no tenían constancia de la existencia de este grupo hace apenas seis meses. Coldplay están pasando ahora mismo la línea inexistente que separa los grupos con una cierta entidad con unos deberes bien hechos y que empiezan a dar frutos de los meros "fenómenos fan" que arrastran multitudes y queman el papel puesto a la venta a cada visita. Esta claro que ésta actitud no es ni mejor ni peor para la puesta en directo, pero me hace ver esta visita con otros ojos, ¿más escéptico quizás?

 

Está claro que no hay que pedir peras al olmo, por lo que no me esperaba mucho más de Coldplay que lo que me aportaron en la última visita en los que tuve ocasión de verlos, en la sala La Riviera. Otro handicap sin duda es la vacuidad continuista en la fórmula ya aprendida de X&Y, lo que hacía que esta gira fuera para mí simplemente "otra muesca más". Sin duda, mis presentimientos se cumplieron a la perfección, más de lo mismo sólo que esta vez más alto, más grande y con una derroche visual que no se les había visto hasta la fecha.

 

Con un escenario de dimensiones más que aceptables para los separados entre ellos cuatro componentes, la actuación empezó con "Square One", con un Chris Martin que tras un acrobático salto empezó a corretear de acá para allá. La marca de la casa es que el resto de la banda permanezca totalmente estática y sea Chris el que no pare de moverse, y más ahora que puede permitirse el gustazo de recorrer decenas de metros de un lado a otro del escenario, pasarelas incluidas. La interpretación prematura de dos de sus mejores temas como son "Politik" y "Yellow" me hacía presagiar una quema de cartuchos precipitada, pero en este caso daba igual, pues salir a tocar con todo el pescado vendido es tan fácil que ni siquiera hay que preocuparse en mantener una correcta vocalización, que para eso está el karaoke colectivo. Ya no hay sorpresa, esta gira se ha convertido en la pérdida de la frescura y la espontaneidad que pudimos descubrir en el escenario grande de Glastonbury del año 2002, abrazando tópicos demasiado manidos como es el abuso del "oeoe" o la inclusión pachanguera del estribillo de "Yellow Submarine", que para algo son británicos. Eso sí, todo esto ocurre a tiempo real con comentarios de un publico entregado.

 

En una gran pantalla curvada a sus espaldas (¿les suena la idea de algo?) se sucedían imágenes a tiempo real de los componentes con los colores distorsionados generalmente centradas en la figura del que llevaba la voz cantante. La esterilidad de "Speed Of Sound" dió paso a otros temas con mucho más punch como son "God Put A Smile Upon Your Face" y la calidez de "Trouble". Parecía que la receta estaba bien clara, ir desgranando poco a poco el último trabajo, lo cual era de agradecer con una mayoría de temas más elaborados de sus dos anteriores discos. "The Scientist" y la vuelta al karaoke masivo fue el punto de inflexión hacia una parte acústica con los cuatro componentes juntos en la parte delantera del escenario (¿esta otra idea les sigue sonando de algo?) en la que interpretaron el único tema realmente destacable de su último trabajo, el oculto "Til Kingdom Come" y "Green Eyes" con armónica a la luz intima de tres gigantescos focos fresnel a sus espaldas. La interpretación de “Clocks” delante de unas imágenes psicodélicas de fractales nos trajo de nuevo a la dinámica normal del concierto, seguida de “Talk” con la que dejaban el escenario después de una hora y veinte minutos.

 

Un Martin sólo al piano sería el protagonista absoluto de la vuelta al escenario con “Swallowed In The Sea” con proyecciones por todo el frontal del Palacio de los bocetos de la letra de la canción. “In My Place” con el uso y disfrute de las pasarelas arriba y abajo hasta el primer anfiteatro y “Fix You” y el juego de la bombillita dieron fin a una actuación que se puede destacar dentro del fenómeno social más que estrictamente musical.

 

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