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Texto:
Alberto Sánchez Guerrero
Fotos:
Juan Aguado
Largas colas fueron el prologo del concierto que Goldfrapp
efectuó una noche de viernes en la sala Divino Aqualung de Madrid.
Apenas una hora y media de concierto donde lo bizarro y lo exótico
se dan la mano para ofrecernos una voz portentosa.
La masa de gente se agolpaba para adorar a la reencarnación
de los 80, una mezcla de glam y música disco. Ante nosotros se iba a
aparecer la diva del pop electrónico con más glamour. La purpurina y
el estilo más “cool” iban a inundar el escenario y a un público de
lo más heterogéneo. Extravagancias, fashion’s victims o casuals,
todos unidos (chapitas, gomina, converse y cerveza) en lo que
prometía ser un noche explosiva. Sin teloneros, solo el grupo, la
espera se hizo algo más tensa, cuando Alison Goldfrapp y Will
Gregory aparecieron ante una sala a reventar, ella embutida en unas
mayas negras de cuerpo entero y una chaqueta a modo de capa color
rosa. La fiesta de presentación de su nuevo álbum, publicado en este
año 2005 con el título de Supernature, había empezado.
Aunque con un comienzo un poco aparatoso debido al sonido,
la cantante salió triunfante dando muestras de lo agudo de su voz.
Arrancó el concierto, pero no fue hasta la segunda canción, “Train”,
cuando el público se empezó a dejar llevar. Cual sería nuestra
sorpresa cuando además se presentaron cuatro chicas, ligeras de ropa
y con una mascara de lobo, cada una, que iban a acompañar bailando
hasta un total de cuatro canciones a lo largo de todo el concierto.
Estas cuatro acompañantes dotaron al show del movimiento que le
falto a la cantante a la que en muchas ocasiones no se la entendía
lo que decía y había que hacer grandes esfuerzos para comprenderla.
El concierto en si era como trasladarse a una macro
discoteca. Un viaje a un Studio 54, algo moderno, con luces
cegadoras y mucha música, donde la perfomance corrió a cargo del
hedonismo y la sensualidad de la cantante. Era muy difícil dejar de
mirarla y escucharla con esos tonos que provocaba y que arrancaba
los aplausos de los allí asistentes. Tras un momento de tranquilidad
con canciones como “Fly me away” o “Slide in” llegó el punto álgido
con “Ride a white horse” seguido de “Ooh la la” donde la explosión
del público fue notable y donde uno se anima más, justo cuando tras
esta canción deciden cortar y desaparecer del escenario y esperar a
la ovación generalizada. Esperar a que la gente grite, silbe,
vitoree y de palmas, hasta volver a salir para ofrecernos un bis de
3 canciones, entre ellas “Number1”, que pondrán punto y final al
espectáculo.
www.goldfrapp.co.uk |