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GOLDFRAPP

Madrid, Sala Aqualung

12 de noviembre de 2005

 

Texto: Alberto Sánchez Guerrero

Fotos: Juan Aguado

 

Largas colas fueron el prologo del concierto que Goldfrapp  efectuó una noche de viernes en la sala Divino Aqualung de Madrid. Apenas una hora y media de concierto donde lo bizarro y lo exótico se dan la mano para ofrecernos una voz portentosa.

 

La masa de gente se agolpaba para adorar a la reencarnación de los 80, una mezcla de glam y música disco. Ante nosotros se iba a aparecer la diva del pop electrónico con más glamour. La purpurina y el estilo más “cool” iban a inundar el escenario y a un público de lo más heterogéneo. Extravagancias, fashion’s victims o casuals, todos unidos (chapitas, gomina, converse y cerveza) en lo que prometía ser un noche explosiva. Sin teloneros, solo el grupo, la espera se hizo algo más tensa, cuando Alison Goldfrapp y Will Gregory aparecieron ante una sala a reventar, ella embutida en unas mayas negras de cuerpo entero y una chaqueta a modo de capa color rosa. La fiesta de presentación de su nuevo álbum, publicado en este año 2005 con el título de  Supernature, había empezado.

 

Aunque con un comienzo un poco aparatoso debido al sonido, la cantante salió triunfante dando muestras de lo agudo de su voz. Arrancó el concierto, pero no fue hasta la segunda canción, “Train”, cuando el público se empezó a dejar llevar. Cual sería nuestra sorpresa cuando además se presentaron cuatro chicas, ligeras de ropa y con una mascara de lobo, cada una, que iban a acompañar bailando hasta un total de cuatro canciones a lo largo de todo el concierto. Estas cuatro acompañantes dotaron al show del movimiento que le falto a la cantante a la que en muchas ocasiones no se la entendía lo que decía y había que hacer grandes esfuerzos para comprenderla.

 

El concierto en si era como trasladarse a una macro discoteca. Un viaje a un  Studio 54, algo moderno,  con luces cegadoras y mucha música, donde la perfomance corrió a cargo del hedonismo y la sensualidad de la cantante. Era muy difícil dejar de mirarla y escucharla con esos tonos que provocaba y que arrancaba los aplausos de los allí asistentes. Tras un momento de tranquilidad con canciones como “Fly me away” o “Slide in” llegó el punto álgido con “Ride a white horse” seguido de “Ooh la la” donde la explosión del público fue notable y donde uno se anima más, justo cuando tras esta canción deciden cortar y desaparecer del escenario y esperar a la ovación generalizada. Esperar a que la gente grite, silbe, vitoree y de palmas, hasta volver a salir para ofrecernos un bis de 3 canciones, entre ellas “Number1”, que pondrán punto y final al espectáculo.

 

www.goldfrapp.co.uk

 

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