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RUFUS WAINWRIGHT

Madrid, Teatro Coliseum

12 de noviembre de 2005

Facto Delafé

 

 

 

 

Texto: Ruth Bautista

Fotos: Juan Aguado

 

Hay artistas cuyo atractivo se compone tanto de su música, como de su personalidad. Rufus es uno de ellos. Transmite una pizca de egocentrismo, otra de soberbia, la del que sabe que hace las cosas bien, y un punto de travesura infantil, bien combinados con un talento creativo indudable, que le hacen irresistible.

 

El 26 de abril de este mismo año le conocimos en un salvaje concierto en la sala Aqualung. Su propuesta clásica, formal, irónica y teatral, con un magnífico punto de inflexión en el tercer acto, deslumbró y encandiló a los pocos afortunados que estábamos allí presentes. Por esta razón, a ninguno nos pareció precipitada su vuelta seis meses después para presentar de nuevo su último trabajo, Want Two, publicado este mismo año. Esta vez ante un público más abultado y en un encuadre totalmente distinto, el Teatro Coliseum, en plena Gran Vía, en una noche fría y de suave llovizna.

 

Abrieron la noche para aquellos que llegamos más que puntuales a la cita con Wainwright los barceloneses Facto Delafé, con una propuesta atractiva en la que mezclan hip hop, con música electrónica y voces soul. A pesar de que les faltaba un miembro del trío y de que su propuesta se encuentra totalmente alejada al motivo por el cual estábamos allí, consiguieron convencer y arrancar unos sinceros aplausos durante su actuación. Tras ellos, por fin, aparecieron Mr. Wainwright y su banda sobre las tablas.

 

El concierto comenzó con la potente “Oh What a World” y este fue uno de los peores momentos del concierto. Si bien el Teatro es un marco espectacular para ciertos temas de repertorio de Wainwright, como bien quedó demostrado después, no lo fue en absoluto para el comienzo. Con las primeras notas de “Oh What a World” y su bolero de Rabel subyacente, y sobre todo ante la presencia de Rufus, lo que nos pedía el cuerpo en ese momento era salir corriendo hacia las primeras filas próximas al escenario, saltar y gritar. Sin embargo, los convencionalismos sociales nos obligaban a permanecer sentados en nuestras butacas, bailando como podíamos y reteniendo la adrenalina forzosamente. Con la misma sensación estuvimos escuchando “The One You Love” y por fin con “Natacha”, mientras Rufus se hacía con la guitarra, conseguimos tomar un respiro e ir relajando el tono. Tras ella, se sentó al piano para atacar “14th Street”, “This Love Affaire” y la pieza clásica “Little Sister” él solo en el escenario. Tras un par de temas más, aprovechó para presentarnos uno nuevo, “Between My Legs”, dejando patente su humor en su constante comunicación con el público.

 

En el bloque central de su actuación, sonaron temas básicos en su discografía como “Poses”, “Vibrate” con el que nos deleitó con unos cuantos gallitos entre carcajadas, “The Art Teacher”, “Want” y “Memphis Skyline”. Y cuando “Old Whore’s Diet” comenzó todos esperábamos ya la traca final, tal y como hiciera en Abril. Por supuesto no defraudó, ya que mientras Joan Wasser se marcaba un solo de violín, todos los demás fueron desapareciendo del escenario para reaparecer al poco vestidos con largas túnicas blancas con las que se marcaron unos bailecitos parodiando a los ya de por sí alocados The Polyphonic Spree. Como un niño inventando travesuras, feliz con sus ocurrencias de marcado humor sarcástico, Rufus dio paso entonces a su tema más irónico, “Gay Messiah”, a la par que se deshacía de su túnica blanca y se quedaba con la azul turquesa que vestía debajo, mientras dos centinelas romanos con gafas de sol le acercaban una cruz blanca sobre la que simulaban crucificarle. Todo ello, mientras él entonaba versos como “better pray for your sins ‘cause the gay messiah’s coming”. Tras esto y un par de temas más, sencillos y alegres, como “California” y “Beautiful Child”, Wainwright nos dijo adiós, hasta la próxima. Esperamos que así sea.

 

www.rufuswainwright.com

 

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