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Facto Delafé



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Texto:
Ruth Bautista
Fotos:
Juan Aguado
Hay artistas
cuyo atractivo se compone tanto de su música, como de su
personalidad. Rufus es uno de ellos. Transmite una pizca de
egocentrismo, otra de soberbia, la del que sabe que hace las
cosas bien, y un punto de travesura infantil, bien combinados con un
talento creativo indudable, que le hacen irresistible.
El 26 de abril
de este mismo año le conocimos en un salvaje concierto en la sala
Aqualung. Su propuesta clásica, formal, irónica y teatral, con un
magnífico punto de inflexión en el tercer acto, deslumbró y
encandiló a los pocos afortunados que estábamos allí presentes. Por
esta razón, a ninguno nos pareció precipitada su vuelta seis meses
después para presentar de nuevo su último trabajo, Want Two,
publicado este mismo año. Esta vez ante un público más abultado y en
un encuadre totalmente distinto, el Teatro Coliseum, en plena Gran
Vía, en una noche fría y de suave llovizna.
Abrieron la
noche para aquellos que llegamos más que puntuales a la cita con
Wainwright los barceloneses Facto Delafé, con una propuesta
atractiva en la que mezclan hip hop, con música electrónica y voces
soul. A pesar de que les faltaba un miembro del trío y de que su
propuesta se encuentra totalmente alejada al motivo por el cual
estábamos allí, consiguieron convencer y arrancar unos sinceros
aplausos durante su actuación. Tras ellos, por fin, aparecieron Mr.
Wainwright y su banda sobre las tablas.
El concierto
comenzó con la potente “Oh What a World” y este fue uno de los
peores momentos del concierto. Si bien el Teatro es un marco
espectacular para ciertos temas de repertorio de Wainwright, como
bien quedó demostrado después, no lo fue en absoluto para el
comienzo. Con las primeras notas de “Oh What a World” y su bolero de
Rabel subyacente, y sobre todo ante la presencia de Rufus, lo que
nos pedía el cuerpo en ese momento era salir corriendo hacia las
primeras filas próximas al escenario, saltar y gritar. Sin embargo,
los convencionalismos sociales nos obligaban a permanecer sentados
en nuestras butacas, bailando como podíamos y reteniendo la
adrenalina forzosamente. Con la misma sensación estuvimos escuchando
“The One You Love” y por fin con “Natacha”, mientras Rufus se hacía
con la guitarra, conseguimos tomar un respiro e ir relajando el
tono. Tras ella, se sentó al piano para atacar “14th Street”, “This
Love Affaire” y la pieza clásica “Little Sister” él solo en el
escenario. Tras un par de temas más, aprovechó para presentarnos uno
nuevo, “Between My Legs”, dejando patente su humor en su constante
comunicación con el público.
En el bloque
central de su actuación, sonaron temas básicos en su discografía
como “Poses”, “Vibrate” con el que nos deleitó con unos cuantos
gallitos entre carcajadas, “The Art Teacher”, “Want” y “Memphis
Skyline”. Y cuando “Old Whore’s Diet” comenzó todos esperábamos ya
la traca final, tal y como hiciera en Abril. Por supuesto no
defraudó, ya que mientras Joan Wasser se marcaba un solo de violín,
todos los demás fueron desapareciendo del escenario para reaparecer
al poco vestidos con largas túnicas blancas con las que se marcaron
unos bailecitos parodiando a los ya de por sí alocados The
Polyphonic Spree. Como un niño inventando travesuras, feliz con sus
ocurrencias de marcado humor sarcástico, Rufus dio paso entonces a
su tema más irónico, “Gay Messiah”, a la par que se deshacía de su
túnica blanca y se quedaba con la azul turquesa que vestía debajo,
mientras dos centinelas romanos con gafas de sol le acercaban una
cruz blanca sobre la que simulaban crucificarle. Todo ello, mientras
él entonaba versos como “better
pray for your sins ‘cause the gay messiah’s coming”.
Tras esto y un par de temas más, sencillos y alegres, como
“California” y “Beautiful Child”, Wainwright nos dijo adiós, hasta
la próxima. Esperamos que así sea.
www.rufuswainwright.com
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