.jpg)
.jpg) |
Texto:
Marcos
Ripalda
Fotos:
www.okapi.es
Dios mío, cómo
canta este tipo. Esto me lo oigo decir una y otra vez. Y no puedo
evitar que se me ericen todos los pelillos del cogote. Porque Antony
es un portento de voz. Y para colmo parece que sólo abre el grifo lo
justo para dejar que corra un hilillo de esa perfecta maquinaria
vocal. De pie, frente a un público entregado mucho antes de que
pronuncie las primeras palabras y se oigan los primeros acordes,
Antony, vestido completamente de negro, se dispone a deleitarnos con
sus voluptuosas torch songs y ese paladear lento de cada
sílaba que lo ha hecho único.
A Antony le
han colocado una pantalla gigante a su espalda sobre la que se van
proyectando primeros planos de varias mujeres. La gracia del asunto
está en que las mujeres están siendo grabadas, sobre una plataforma
circular que gira a un lado del escenario, al mismo tiempo que se
van despachando las canciones. Una canción por mujer. Este
despliegue estético, que para un servidor era innecesario, lejos de
respaldar lo musical, acabó lastrando visualmente la actuación.
Porque Antony, impecable en cada nueva canción, hubiera brillado,
aún más, oculto en la penumbra, que es lo suyo. Y es que Antony y un
acompañamiento de violín, batería y piano hubiesen bastado.
Atrapado en su
fofo cuerpo de hombre, esta mujer que se llama Antony, nos deleitó
con una portentosa relectura de algunos de sus temas más conocidos,
del que “You Are My Sister” y la impresionante “Hope There´s Someone”
se llevaron la palma. Un servidor echó de menos la marchosa
“Fistfull Of Love” y el single “The Lake”, una delicia muy
recomendable que, por cierto, no está en ninguno de sus discos.
Antony
introdujo, entre exquisitas mutaciones de sus canciones más
conocidas, algunos temas nuevos que hacen suponer que se aproxima
una nueva puesta de largo para el 2007. Dejemos que el pájaro, por
hoy, sea libre.
|