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Texto:
Ruth Bautista
Fotos:
Juan Aguado
Después de años de escuchar a Natacha Atlas, el pasado mes
de mayo tuvimos la oportunidad de verla en directo en la Sala
Heineken. Ya es una sensación extraña la que se siente cuando se le
pone cuerpo y cara a una voz a la que llevas tiempo escuchando, pero
en este caso fue doblemente sorprendente. Es probable que sin razón
lógica, pero la presencia de Natacha Atlas sobre el escenario nos
dejó a más de uno con la boca abierta. Puede que fuera su nulo
parecido con sus fotografías, su concentrado cuerpo, o su actitud,
más parecida a la de una niña presumida que está a lo suyo, en su
mundo, que a la de una artista con una sala a rebosar que la mira
hipnotizada.
Y es que el concierto comenzó con el tema “Ashwa” de su
álbum Ayeshteni, con el público ya totalmente embobado desde
el primer segundo, mientras ella cantaba sin mucha intención, de
espaldas a la gente y dando instrucciones al técnico de sonido,
totalmente ajena a la expectación que había despertado.
Tras este tema pareció tomar conciencia de donde estaba y
atacó algunos de los temas de su último trabajo Mish Maoul,
como “Bathadal”, “Yariet” o “Feen”. Fue con “Layali”, el tercer
tema, con el que pareció relajarse y comenzó a bailar. Sin ser una
gran bailarina, no dudó en amenizar el concierto no solo con su
deslumbrante voz, sino con suntuosos movimientos de vientre, que
ayudaban a crear esa sensación de atracción que la rodeó en todo
momento y que, por las miradas de los músicos que la acompañaban,
parece ser una constante en su vida.
Desde luego al público no dejó de sorprenderle, tema tras
tema, como cuando interpretó “Moustahil”, de su álbum Halim
(1997), seria y rígida con la ayuda de una partitura adosada al
monitor en la que leía las letras.
Y así, algo abstraída, continuó el concierto, llegando al
final con dos de sus clásicos, “Eye Of The Duck” y su personal
versión de “I Put A Smell On You”, en la que brilló su voluminosa y
suntuosa voz.
Para los bises
dejó “Hayati Inta” y la deslumbrante “Mon Amie La Rose”. Esta
pequeña gran mujer, de gran carácter, fuerte, recio y ausente se
despidió con algunas palabras en español, inglés y francés. Como la
vida misma.
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