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NATACHA ATLAS

Madrid, Sala Heineken

5 de mayo de 2006

 

 

Texto: Ruth Bautista

Fotos: Juan Aguado

 

Después de años de escuchar a Natacha Atlas, el pasado mes de mayo tuvimos la oportunidad de verla en directo en la Sala Heineken. Ya es una sensación extraña la que se siente cuando se le pone cuerpo y cara a una voz a la que llevas tiempo escuchando, pero en este caso fue doblemente sorprendente. Es probable que sin razón lógica, pero la presencia de Natacha Atlas sobre el escenario nos dejó a más de uno con la boca abierta. Puede que fuera su nulo parecido con sus fotografías, su concentrado cuerpo, o su actitud, más parecida a la de una niña presumida que está a lo suyo, en su mundo, que a la de una artista con una sala a rebosar que la mira hipnotizada.

 

Y es que el concierto comenzó con el tema “Ashwa” de su álbum Ayeshteni, con el público ya totalmente embobado desde el primer segundo, mientras ella cantaba sin mucha intención, de espaldas a la gente y dando instrucciones al técnico de sonido, totalmente ajena a la expectación que había despertado.

 

Tras este tema pareció tomar conciencia de donde estaba y atacó algunos de los temas de su último trabajo Mish Maoul, como “Bathadal”, “Yariet” o “Feen”. Fue con “Layali”, el tercer tema, con el que pareció relajarse y comenzó a bailar. Sin ser una gran bailarina, no dudó en amenizar el concierto no solo con su deslumbrante voz, sino con suntuosos movimientos de vientre, que ayudaban a crear esa sensación de atracción que la rodeó en todo momento y que, por las miradas de los músicos que la acompañaban, parece ser una constante en su vida.

 

Desde luego al público no dejó de sorprenderle, tema tras tema, como cuando interpretó “Moustahil”, de su álbum Halim (1997), seria y rígida con la ayuda de una partitura adosada al monitor en la que leía las letras.

 

Y así, algo abstraída, continuó el concierto, llegando al final con dos de sus clásicos, “Eye Of The Duck” y su personal versión de “I Put A Smell On You”, en la que brilló su voluminosa y suntuosa voz.

 

Para los bises dejó “Hayati Inta” y la deslumbrante “Mon Amie La Rose”. Esta pequeña gran mujer, de gran carácter, fuerte, recio y ausente se despidió con algunas palabras en español, inglés y francés. Como la vida misma.

 

 

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