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Texto: Juan José
Piña
A partir del momento en que compré las entradas para éste
concierto, una ola de escepticismo me inundó. ¿Los Doors sin Jim
Morrison son realmente los Doors? ¿Era Jim Morrison los Doors y sin
él no son nada? No lo sé. Realmente me tenía que tomar éste
concierto como el concierto de Queen + Paul Rodgers. No serían Queen,
pero sería la banda de versiones de Queen mejor del mundo.
Está claro que los dos, como tantos otros, son casos
similares. La necesidad de las grandes bandas de seguir tocando, a
pesar del paso de los años… Es inevitable. Como jugadores de fútbol
retirados que juegan en equipos de veteranos… ¿No se han juntado
otra vez Los Beach Boys? Todo es posible en el mundo de la música.
Todo.
No os voy a engañar. No he escuchado ni una sola canción de
The Cult (ninguna de la que me acuerde ahora). No sé que tal es la
voz de Ian Astbury, pero si que he escuchado a Jim Morrison y me
hago cargo de que nada puede ser igual… ni siquiera remotamente
parecido.
De ahí mis muestras de escepticismo. Pero también os digo
que en el concierto de Queen + Paul Rodgers el espíritu de Freddie
estaba presente (y no me refiero al tío del público que iba
disfrazado de él, con bastante acierto, dicho sea de paso). Me
refiero a la gente. A todos nosotros. ¿Quién hizo a Queen lo que
era? Nosotros. ¿Quién hizo ser a los Doors lo que era?
Mi escepticismo y yo, junto con mi amigo Charlie (un
auténtico fan de los Doors, al que le debo el descubrimiento de éste
grupo tiempo ha) entramos a
La Riviera.
El público se entregó desde el primer momento. Algo normal,
teniendo en cuenta que antes justo de que saliera el grupo, estaba
sonando Carmina Burana. Con esto la gente ya estaba en el bolsillo.
Y para terminar de redondear el asunto emotivo, de repente se oyó:
“From Los Angeles, California……RIDERS ON THE STORM” Algo
que el público ignoró y que sustituyo por el clásico “From Los
Angeles, California… THE DOORS”, e inmediatamente “Roadhouse Blues”.
El público entregado en cuerpo y alma desde la primera canción.
Siguió el éxtasis con “Break on Trough”, y “Love Me Two Times”
(Ámame Dos Veces, pronunciado en castellano por Ray Manzarek. El
sonido hasta éste momento no era del todo bueno, Pero a partir de
“When The Music Is Over”, cambió a mejor. Siguieron “Alabama Song”,
previo chascarillos de Ray de decir todo lo que le gustaba de
España: la sangría, la cerveza española… típico. Y es lo que le
faltaba a la gente. Esto que tanto nos gusta. Que nos hablen en
nuestro idioma. Aunque sean unas pocas palabras. Un Viva España. Un
viva Real Madrid. Viva el Atlético.
Después “Backdoor Man” y “Five To One” (muy, muy buena) nos
llevaron a un solo de Robbie Krieger (estilo flamenco, sin ser
flamenco), que fue una introducción para, ¿lo adivináis?. Claro.
“Spanish Caravan”.
Suiguieron la maravillosa “Peace Frog”, “21st Century Fox”,
“Moonlight Drive” y “War Chile” la que de nuevo Ray, habló acerca de
la guerra haciendo las delicias de la gente con su “Make Love Not
War, fumando marihuana”. ¿Será ése el secreto de éstos monstruos
para mantenerse con tanta energía?
Entonces, después de un par de versiones, llegamos al final
del concierto, con “Touch Me” y con la apoteosis final de “L.A.Woman”.
Se despidieron. ¿Era el final? Todos sabíamos que no.
Volvieron a entrar y las pocas fuerzas que nos quedaban después de
dos horas, mágicamente se reactivaron con “Riders On The Storm” y
una extasiante “Light My Fire”, incluido guiño a Los Beatles en el
punteo de Robbie con “Eleanor Rugby” y despliegue de fuerza juvenil
de Ray al tirar la silla del teclado, y tocar con pies y manos a la
vez.
Y querían irse. En el punto álgido de nuestra existencia
quería irse. Encendieron las luces. No se iba nadie. No podían irse.
Hasta ellos mismos estaban sorprendidos de la reacción del público.
No se esperaban una entrega de tal magnitud. Desde el primer acorde.
Todos estuvieron magníficos. Ray Manzarek como lider absoluto.
Normal, teniendo en cuenta todo lo que ha dado a éste grupo. Robbie
Krieger, magnífico guitarrista, lugarteniente de lujo. Y que decir
de Ian Astbury, que en ningún momento se sintió protagonista,
dejando humildemente dicho protagonismo a Ray y Robbie, pero siendo
él mismo.
No podían irse, así que los sacamos y para terminar (ésta
vez sí), nos obsequiaron con una sorprendente “Soul Kitchen”. El
éxtasis final.
He de decir que en éste concierto no apareció el espíritu
de Jim Morrison, pero casi mejor, porque lo mismo su genio estúpido
lo habría jodido. Mr. Densmore… ¡lo que se está perdiendo! |