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Texto: Juan Luís
Machuca
Fotos:
Juan Aguado
Musicalmente hablando me hubiera gustado haber nacido
veinte años antes, haber vivido el nacimiento de las grandes bandas,
de sus primeros discos, singles, sus primeros números uno,... y
sobre todo poder haber asistido a sus conciertos. A pesar de tener
muchos directos grabados, nunca será lo mismo que las sensaciones
provocadas por estar ahí, por contemplar a un grupo de ases del rock
ejecutando a la perfección sus grandiosas creaciones; uno mira al
pasado con esta rabia y envidia por no haber estado ahí.
A pesar de todo, de vez en cuando uno se lleva sorpresas.
Sé que nunca veré a los verdaderos Pink Floyd porque sé que
en su caso los hechos pretéritos nunca volverán. Lo que sí sé
también es, que el concierto de The Pink Tones me alivió esa
sensación hasta tal extremo que me fui del concierto con la
sensación de haber visto a los auténticos.
Alguien podrá pensar que es locura o una blasfemia. A ese
alguien le recomiendo que vaya a verlos y sobre todo a oírlos. Nunca
imaginé que pudieran reproducir tan brillantemente la atmósfera y
sobre todo la música “floydiana”. Es por ello por lo que les doy las
gracias a este quinteto que recorre este país manteniendo viva la
llama de una de las bandas más importantes de la música
contemporánea.
Son realmente buenos músicos y lo más importante es que
llevan a Pink Floyd dentro, les encanta y lo transmiten al
público, ahí se encuentra su mejor virtud.
Los integrantes de The Pink Tones son:
Álvaro Espinosa –
Guitarra, Theremin, Voz
Nacho Aparicio –
Teclados
Gonzalo Palacios
- Saxo, teclado, lap-steel guitar y coros
Cefe – Bajo y
coros
Antonio Fernández
- Batería
El concierto comenzó con un poquito de retraso, justo
cuando empezaba el público a impacientarse, seguramente a sabiendas
de lo que le esperaba. Nunca he visto un respetable tan heterogéneo,
de tan diferentes edades, de diferentes estilos,... me llamó la
atención esos viejos rockeros con sus negras camisas, sus vaqueros
ajustados y sus barbas y cabellos blancos, prueba del paso del
tiempo. Al igual que ellos a esa juventud que no superaba los veinte
años y que les quedaba ya atrás la música de Pink Floyd.
Después de unos problemas de sonido iniciales, sobre todo
con el micro del bajista todo empezó a funcionar. Los músicos cada
vez fueron a más, con más confianza, ya que empezaron dubitativos
ante dichos problemas técnicos y en la voz de Álvaro, el cantante,
que sufría de ronquera y de la tediosa gripe invernal. Supongo que
pronto lo olvidarían, porque todo comenzó a fluir, el ambiente se
embriagó de Pink Floyd y el auditorio empezó a disfrutar de
su música.
El intro lo hicieron con “Signs Of Life”, seguida de
“Sorrow” y del primer viaje a esa grandiosa cara oculta de la luna
con “Breathe”, en esta canción Gonzalo intervino con una lap-steel
guitar que dio magia al tema. Seguida de “Breathe” y como no podía
ser de otra forma la trepidante “On The Run”, y con la explosión
final de esta el comienzo de la magnífica “Time”, ejecutada a la
perfección, con el solo de Álvaro que dejó bien a las claras como se
toca una Stratocaster.
A continuación “The Great Gig In The Sky” con el
protagonismo del saxo de Gonzalo, que interpretaba con él esa
magnífica voz de la canción original de Gilmour y compañía. Luego
“High Hopes” o “Have a Cigar”, canción esta última brillantemente
versionada también por Brian May junto a Foo Fighters. Luego
“Echoes - A Saucerful Of Secrets”, ¿quién no recuerda esta canción
perfectamente integrada en Pompeya y sus ruinas?, después “Set The
Controls For The Heart Of The Sun” con un Gong como
protagonista,...el mejor momento a mi gusto del batería Antonio en
el evento.
Acto seguido llega “Shine On you Crazy Diamond part I-V”,
que sencillamente la bordan, un tema lento pero que engancha de
principio a fin, el final con el maravilloso saxo de Gonzalo y el
final de su intervención desapareciendo del escenario con el saxo
que cada vez se oye más lejos, un original guiño al público que dejó
una sonrisa de satisfacción al embelesado al mismo. Sin dejar que
desapareciera esa sonrisa engancharon la acústica y empezó a sonar
esa balada que a todo el mundo le engancha, ese homenaje a Sid,
“Wish You Were Here” ampliamente aplaudida por el público. En esta
versión de los Pink Tones aderezada con el saxo. El público ya
estaba completamente entregado. Se oían comentarios al estilo
“Tocarlas Todas”, porque solo ellos podían hacerlo.
Luego temas como “Fat Old Sun” o “Empty Spaces” precedieron
a la continuación de “Shine On You Crazy Diamond parts VI-IX”.
Para mí uno de los momentos más espectaculares llegó a
continuación con “Welcome To The Machina”, en este tema el cantante
nos deleitó con un instrumento extraño llamado Theremin, en el que
la aproximación de sus manos a una antena inducía un sonido acorde a
la canción, maestría y originalidad unidas.
Con la sorpresa del público en sus rostros, comenzó
“Money”, tocada a la perfección y con un final sencillamente
apoteósico.
“The Thin Ice”, “Another Brick On The Wall part I”, “The Happiest
Days Of Our lives”, sonaban a continuación manteniendo la magia del
momento.
Para finalizar acabaron con el tema más escuchado de Pink Floyd
“Another Brick On The Wall part II”, ampliamente coreado por el
público que hizo levantarse de sus asientos al mismo. Llegaba el
final del concierto, el público comenzó a aplaudir a rabiar y dar
las gracias a los cinco por el espectáculo brindado. Sencillamente
genial y apoteósico.
Mi comentario fue, “faltan Learning To Fly y Confortably
Numb”, sin saber que esa última sorpresa estaba reservada a los
bises. Sin tocar la primera pero si la segunda, qué se puede decir
de este último tema, para mí el mejor de Pink Floyd y digno de
cerrar un concierto, el cantante también lo dijo “No nos podemos ir
sin tocarla”.
… y yo no me podía quedar sin oírlos.
Solo puedo terminar diciendo algo, ¡¡Gracias Pink Tones!!
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