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Texto:
Marcos
Ripalda
Fotos:
Ruth
Bautista
Cuando
Adam Stephens
silba
en “Las Cruces Jail”, tema que abre el álbum
What The Toll Tells
(2006),
suena
maravilloso. Ésta es una gran canción para empezar, para poner a
tono al público de un concierto, que es a lo que vamos, para, en
fin, tener con qué disparar. Y aunque la mayoría de los siguientes
tiros no sean del agrado de un servidor, bien es cierto que el chico
tiene cualidades notables, voz y desparpajo, aunque no
necesariamente en este orden, para convertirse en un artista de
culto para las nuevas generaciones del country teñido de punk
arrogante. Porque cuando
Adam Stephens, guitarra en mano, canta tranquilo, se acerca a Kurt
Cobain. Y cuando no, eleva y retuerce su voz al estilo del vocalista
de Neutral Milk Hotel. A Stephens le acompaña Tyson Vogel, un
delgaducho que, a golpe de batería, traza el itinerario del nuevo
blues sureño por el que apuesta este joven dúo de San Francisco,
desde la crudeza del punk-rock.
Two Gallants, que entraron en escena como si fueran los chicos de
mantenimiento, fueron, durante algo más de una hora, dos muchachos
divirtiéndose con una guitarra y una batería. Temas como “Steady
Rollin” o “The Prodigal Son” les hicieron parecer adultos de barba
espesa.
Teniendo en cuenta el aspecto de taberna de la Sala Moby Dick, el
cancionero aguardentoso de Two Gallants era perfecto para dotarla de
una ambientación sonora que ni pintada. Lo mejor del concierto, para
un servidor, conste, fue la relectura de la deliciosa “Waves Of
Grain”, casi diez minutos de country-rock progresivo con armónica
incluida. Frente a remedios balsámicos, Two Gallants apuestan por
los supositorios a palo seco. |