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BENJAMIN BIOLAY

Madrid, Sala Heineken,

6 de noviembre de 2007

Texto: Ruth Bautista

Fotos: Juan Aguado

 

Podemos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que el grupo de gente congregado la noche del 6 de noviembre en la Sala Heineken (a medio aforo) era una panda de freaks de los buenos (dicho esto como cumplido). Al menos, ese mérito hay que reconocerles, ganado a pulso por escuchar a un francés que hace pop del suave, con sus buenas dosis de chanson, unos toques de electrónica (muy ligeros) y según algunos algo de jazz que yo no consigo ver por ningún lado. Así que muy freakies y muy cool todos, sí señor.

 

El francés, que por cierto se llama Benjamin Biolay, presentaba su cuarto trabajo, Trash Yeye, álbum que se escucha bien en casa, muy tranquilito y sosegado. Menuda sorpresa la que me llevé esa noche al descubrir que este último trabajo es la caña si lo comparamos con los anteriores. Comenzó el set y lo finalizó con dos temas de este Tras Yeye, “Bien Avant” y “Qu’est ce que ça peut faire?”, pero el resto del concierto estuvo basado en sus trabajos anteriores y en alguna pequeña sorpresa, como una versión sampleada del “As time goes by”.

 

La lógica nos dice que no todo el mundo puede, ni debería, subirse a un escenario. Para comenzar, deberías disfrutar de la actuación. Porque si tú no disfrutas, es casi imposible que hagas disfrutar a los demás. Y el introvertido de Benjamin pareció sufrir un tanto en la primera mitad del concierto, en la que con cada cambio de instrumento (piano o guitarra) se desplazaba titubeante por el escenario como quien busca un rincón en el que esconderse. Gran parte del público, afortunados ellos, no se dejó influir por estos factores externos y disfrutaron sin problemas de la música que habían ido a escuchar.

 

En mi caso no ayudó su actitud, ni que el ritmo del concierto fuera tan lento y pausado, ni que lo alargara hasta las dos horas de duración. Y lo que terminó de rematarme fue que Benjamin se dedicara a fumar insistentemente durante todo el concierto. Que cada uno puede hacer lo que quiera, por supuesto, pero con cada cigarrillo que él se encendía, otros muchos le imitaban en la platea. Así que casi al final del concierto el ambiente era tan denso que a algunos nos comenzaron los ataques de asma. Lo cual, añadido al cansancio mental y físico de la noche, no me hacía más que desear que la actuación acabara cuanto antes para poder salir corriendo a respirar el aire fresco y “puro” de la calle princesa. Un toque de atención a la sala, por cierto, que no es normal que con un aforo a medio llenar el aire se haga irrespirable. (Mi recomendación a los responsables de dar un repaso a los sistemas de ventilación).

 

Para la próxima, Benjamin, mon ami, te recomiendo una actuación en un lugar más adecuado, como un teatro, o, si esto no es posible, colocar unas sillitas para que el público te escuche relajado, mírate lo del tabaco, no trabajes tanto, que con una horita u horita y media es suficiente, y por último, no cuentes conmigo. Cuando se me pase el berrinche, quizás vuelva a escucharte en casita.

 

 

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