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LUCERO

Madrid, Sala El Sol,

2 de marzo de 2007

Texto: Asier R.

Fotos: www.luceromusic.com

 

Aunque ha pasado bastante tiempo desde el concierto de estos yankis auténticos (2 de marzo), nunca está de más hablar de un buen concierto.

 

Como ya habréis visto en esta misma revista, por aquí pensamos que Lucero se encuentran en un buen momento y que van a despegar para volar bien alto. Al concierto se le puede hacer una comparación parecida.

 

Tras entrar en la sala para comprobar si el órgano/piano estaría presente, y ver con mezcla de incredulidad y decepción que no (no olvidemos que en el último disco juega una baza fundamental, esperamos a que saliesen nuestros chicos en cuestión para ver qué nos ofrecían.

 

Y allá que fueron, supliendo con ganas y guitarras la ausencia del mencionado órgano y logrando dar un concierto entre enérgico y emotivo en el que sobresalieron las canciones de su último disco, de las cuales eligieron para deleitarnos un buen número, eso si, bastante tardío. Entre ellas disfrutamos de “The Mountain”, “Sing Me No Hymns”, “I Don´t Wanna Be The One”, “She Wakes When She Dreams” que precedió a “The War” canción que cierra su disco Nobody’s Darlings (otra gran obra) y que juntas formaron un momento en el que Ben Nichols salió solo a tocar estas dos canciones de forma muy sentida (“The War” en concreto está dedicada a su abuelo) para dar paso posteriormente a la genial y enérgica recta final.

 

Si no me equivoco, la mayoría de canciones la conformaron sus discos Nobody’s Darlings y Rebels, Rogues And Sworn Brothers. Aunque las constituyentes de su último disco empezaron a sonar sorprendentemente tarde.

 

Tal vez la parte más negativa del concierto fue de hecho el comienzo, de ahí mi anterior comparación con el despegue, y también esos momentos de canciones lánguidas y sin la suficiente fuerza como demostraron posteriormente las canciones ya mencionadas que cantó Ben Nichols y que pese a ser de un estilo parecido sonaron más emocionadas y frescas. Y es que en un concierto tan largo, algún pequeño (pequeñito) altibajo se perdona.

 

Y qué decir del grupo, un diez para el guitarrista, Brian Venable que se desbocó en ocasiones con su guitarra sin excederse y al batería que desde mi punto de vista estuvo perfecto en todo momento. Otra cantar fue el bajista, que estaba medio colocado, o eso parecía, aunque conseguía cumplir con sus partes de bajo.

 

En resumen, gran futuro, esperanzador presente y gran presentación en España (o al menos en Madrid). Eso si, no pudieron evitar que en algunas canciones, los teclados sonasen mentalmente en nuestras cabezas.

 

 

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