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Texto:
Marcos
Ripalda
Yo, perfecto desconocedor de la obra de Arturo Pérez
Reverte en cuanto a la saga Alatriste se refiere, y habiendo leído
muchos de los artículos recopilados en gruesos volúmenes, y
habiéndome gustado la guasa que se gasta este corresponsal de guerra
convertido en escritor de éxito, debo decir que el trabajo de
adaptación realizado por Díaz-Yanes, también director de la versión
cinematográfica, me ha agradado en demasía. Cierto es que la primera
hora puede hacerse un poco pesada, pero es que para ver y saber cómo
se las gastaban en los reinos de España, de su ínfulas, miserias y
gentes diversas hace falta tiempo. Que la historia de la España
imperial del siglo XVII compleja es.
En Alatriste damos la bienvenida a un caballero
español con espada, de andar cansado y mirada triste, interpretado
por un Viggo Mortensen inconmensurable. En su figura hallamos al
Héroe, con mayúsculas, un hombre que, enfrentado a sus miedos, debe
ser valiente. Un hombre que, a pesar de su condición de mercenario
espadachín, que se vende al mejor postor, sabe, llegado el caso, ser
íntegro. Un hombre que respeta las leyes de los hombres, que es
honrado si se tercia, que detesta a hombres que podrían ser como él.
Un hombre, sí. El hombre, nunca un superhombre, que es lo que nos
hubieran colado desde la meca del cine norteamericano. Mortensen ya
demostró en la trilogía de El Señor de los Anillos que tenía
arrestos para ser Rey. En
Una Historia De
Violencia se desenvolvió con maestría en la dualidad de su
personaje. Y en Alatriste, quién lo iba a decir del tipo que
hacía de secundario en La Pistola De Mi Hermano, de Ray
Loriga, borda la caracterización de un héroe digno de las mejores
historias de aventuras. Porque Mortensen es Alatriste. Y deténganse
en esta afirmación. Sin Mortensen no habría Alatriste. Y esto
significa, entre otras cosas, que el actor ya se puede codear con
pesos pesados como Rusell Crowe, Kevin Spacey o Clint Eastwood,
actores que saben lo que es hacer de duro y no tan duro. Mortensen
recuerda, sin ir más lejos, al pistolero retirado del filme Sin
Perdón, porque en su triste mirada vive un hombre que, muy a las
malas, te puede reventar o, al menos, intentarlo. Que todos sabemos,
más o menos, hasta dónde podemos jugárnosla. Y si hay que ir, pues
se va, conste, que esto lo tiene claro el personaje de esta
historia, que conjuga la épica de la narración con un trasfondo
intimista. Porque tan importante es el desarrollo emocional de su
protagonista como las secuencias de acción.
Mortensen, que hace todo lo posible por imitar el habla del
español de la época, quedará, si no en la memoria colectiva al menos
en la mía, como el entrañable mercenario de mostacho grisáceo que
mejor sabe arrojar un sombrero al aire, en un gesto canalla y
chulesco, ahí es nada, Amén de la técnica.
De cinco novelas se ha hecho una película. Una excelente
película que pone en su sitio al cine español. También aquí, en el
terruño, sabemos hacer historias de aventuras. Como en esas grandes
producciones al estilo de El Último Mohicano, paradigma para
un servidor, de las películas de aventuras magníficamente resueltas.
Buena música, buenos actores, buenos decorados y al turrón, que
dicen en Humor Amarillo.
www.alatristelapelicula.com |